DE GALAXIA A GALAXIA 

MIS CONVERSACIONES ÚLTIMAS CON PEDRO

Hola Pedro,

Ya sé que juegas con ventaja, pero acepto.

Desde tu galaxia dominas y te ríes de estas historias nuestras.

Tú conoces las nuevas, las tuyas, y conoces las nuestras, las de siempre, caducas y trasnochadas muchas veces.

Y tú sonríes.

Yo sigo en este mundo, en este mundo nuestro, de contradicciones, dudas y resquemores sin cuento.

Sólo de nuestras pequeñas cosas de este mundo tengo ligeras noticias.

Me imagino las tuyas y, ni de lejos, se deben parecer.

En esa galaxia tuya, como novato, debes tener al Petit Príncep a tu lado, de Cicerone.

La zorreta tuya debe ser parienta de la de La Olmeda, esa que cada noche baja buscando refrigerio de manos de tus paisanos, junto al Turia. Y tú nos miras socarrón y te sonríes.

Seguro que, entre los recovecos de esos cerros difusos, te habrá salido al encuentro nuestro amigo Chaval, con sus chascarrillos, y Teo y Gervasio y Serra y Carmen y Leandro, y el de la Manta, y Raquel, y todos nuestros amigos guerrilleros…. y Carrete, cantando su himno, con voz aguardentosa a tus oídos…Y el Petit Príncep y todos sus amigos se quedarán pasmados de ver tantos amigos tuyos. Pedro, Perdona que me engañe.

Estos recuerdos los creo para ti, pero no es eso, es puro egoísmo, es por mí que los tengo, necesito tenerlos. Así me siento más tranquilo.

Hoy hace una semana.

Te quiero dar las gracias porque me pude colar y pude estar contigo, aquel último día.

Fuimos pocas las personas que tuvimos esa suerte. Gracias.

Todas ellas la tuvimos. Los nombres ya los sabes, pero aunque los sepas, te quiero nombrar a tu esposa. Ángela se merece todos los honores.

Guárdale un puesto junto a ti en tu galaxia. Para ti será un instante, porque seguro que tú ni reloj tienes, no como yo por distracción, sino porque ya no lo necesitas y pasas de horas y minutos y no cuentas el tiempo. Guárdale, durante mucho tiempo de ese nuestro, aunque llegara al siglo, que tú bien sabes qué es y te sonríes.

Te lo digo porque Celia y Blanca la necesitan. Guárdale un lugar en tu galaxia junto a ti, pero no le des prisa, que tenga calma y esté tranquila mientras llega el momento.

Qué leches, aunque tú ya lo sepas, te voy a nombrar a aquel grupo de amigos que tuvimos la suerte de pasar aquel día, tu último día, junto a ti.

Tu madre está tranquila. Padecía contigo y ahora, contigo está ya en calma. Para engañarse un poco, limpia la casa, porque te tiene al lado, pero está sola.

Miguel, no digamos, te siente a su lado en cada movimiento, pero no para, y sigue siendo un nervio, fue, es y será tu lugarteniente, la actividad perenne, no creas, ahora está tranquilo contigo a su lado. Y tu hermana Teresa está, de la misma manera, sosegada y cumpliendo trámites de los que necesitan las gentes de nuestra galaxia. A ella también la necesita su hijo, jovencito y te necesita a ti.

Lo siento por los que no pudieron estar.

Son tantos, que no te los nombro porque es imposible, para mí claro, tú ya sé que los sabes. Y tú sonríes

Sólo a Antonio y María, que estando aquí mismo, no pudieron venir porque ya éramos demasiados. Yo les pido perdón, porque yo no tengo más mérito que ellos, ni que María ni Antonio, ni Rosa, ni Pepe, ni Bienve, ni Pepita, ni Teo, ni Bea, ni Juan, ni Vicente, ni Juanbe, ni Ricardo, ni Reme, ni Juan, ni Carol, ni Julio, ni Enrique, ni Julián, ni Ángel, ni Virgi, ni Virgilio, ni Toni, ni Fer, ni Fina, ni María, ni Álvaro, ni Valen, ni Conchi, ni Juanfran, ni Agus, ni Arce, ni Benito, ni Ferran, ni Cerve, ni Iñaki, ni Carlos, ni José Antonio, ni Manolo, ni Puri, ni Celi, ni Lupe, ni Sofi, ni Salva, ni José Ma… ni….ni….no tengo más mérito que ninguno de ellos.

Perdona Pedro, y perdonad vosotros. Y tú sonríes.

Pero no me arrepiento.

Pedro, te quisiera nombrar de manera especial a Ricardo. Él, sin duda que hubiera cogido el “cinquecento” y hubiera emprendido viaje hacia tu encuentro, pero le dijeron que no, aunque joven, ese golpe de manillar le dejó en baja forma. Pero estuvo también a tu lado y tú lo sabes, a lo mejor más cerca que nosotros porque sentía dolor y para ti, en tu galaxia tampoco existen las distancias y menos nuestros kilómetros, para nosotros tan largos y para ti… vale, sonríe socarrón…

Pedro, te siento a mi lado en los días después del pasado miércoles, cuando estuvimos juntos. Pero, entre tanto coche, autobuses, humo, carreras de la gente me cuesta escucharte. Miro al cielo y adivino tu sonrisa entre las nubes. Y sin pensarlo siquiera, me veo entre los barrancos del Cerro. ¿Te acuerdas Pedro aquel día en que nos encontramos por pura coincidencia? Tú venías con la cámara, tu cámara al cuello. Rosa y yo subíamos desde la parte de La Pálvarez, por allí, por donde aquel día subieron los civiles valencianos a matar a los nuestros. Nos dimos un abrazo y hablamos por un rato del nuestro, que entonces era tuyo también. Eran primeros tiempos, cuando tú eras joven y yo todavía no era viejo…

Pedro, te quiero explicar, real noche, aunque ahora me la imagino, fue una noche en el Cerro, estrellada y sin nubes, me veo durmiendo en el campamento. Y miro las estrellas en aquella galaxia tuya, y te veo guiñando un ojo y sonriendo.

Todos estos recuerdos creo que son por ti, porque te quiero, pero tú no los necesitas, me engaño y así lo pienso, pero lo hago sin duda por mí, porque así me siento más tranquilo, al sentirte a mi lado. Pedro, te quiero.

Pedro, perdona a todos los que vinieron desde lejos al acto del sábado. Éramos muchos, muchísimos amigos y amigas que te queremos. Y tú querías un acto íntimo y familiar. Todos nos engañamos, los que estábamos cerca y los que vinieron desde muy lejos, después de trabajar, conduciendo y casi sin dormir. Creemos que lo hicimos por ti, pero nos engañamos, necesitábamos estar a tu lado, por nosotros, así nos sentíamos más tranquilos. Al sentirte a nuestro lado, olvidábamos, por unos instantes, nuestra orfandad. Muchos son los nombres que podía nombrar, pero tú ya los sabes, y sonríes socarrón otra vez Sólo quiero destacar el nombre de nuestro amigo Bielsa. Sí, Lluis Martí Bielsa. Es un poco como tú, pero al revés. Luis era maño de nacimiento y se sentía aragonés, pero ha vivido y vive en Barcelona, habla català y estima Catalunya. Quiso venir a engañarse con nosotros, pensando que era por ti, pero también, como nosotros, lo hacía por él, para estando contigo, sentirse más vivo y más seguro.

Luis es un caso especial. Noventa y tres años y está fuerte como un roble, aunque él dice que se encuentra mal. Pero, hasta de guardián de su Mercè hace. Te dijo unas palabras con su docto verbo que tú tanto conoces. (Iluso de mí, te lo digo, cuando tú estás al tanto de todo en tu galaxia) ¿Te acuerdas, Pedro, cuando me dijiste que fuera a buscarlo y lo acompañara en el Ave hasta Madrid? Fuimos al Congreso a hablar de la Memoria. Por el camino hablamos de cosas intrascendentes, aunque yo, desde ahora, ya no sé qué cosas son más o menos trascendentes. Me hablaba de los tomates que cuidaba en su huerto de la costa. Ahora ya no planta tomates y casi no sale de su casa, por él y por su esposa que lo necesita siempre a su lado…

Perdónanos a todos y a todas tus amigos y amigas que llenamos aquel gran salón tan grande, qué va tan grande, muchísimo más grande que el de Las Jornadas. Perdónanos. Lo creíamos hacer por ti, pero, Pedro, tú no lo necesitabas. Lo hicimos por nosotros. Estaba abarrotado, aquel salón, de incontables amigas y de amigos, casi como las estrellas que pueblan tu galaxia. Pudimos algún@s decir unas palabras, como si tú no las supieras. Muchísimos más las hubieran dicho, pero todavía seguiríamos allí…y estamos en nuestra galaxia y no en la tuya. Y aquí, dicen que el tiempo es oro, por más que, socarrón, te sonrías. Salimos de la sala y algunos te acompañaron a aquella montaña de judíos...

Pedro, ahora ya hace una semana que te fuiste. Tú te ríes del tiempo, pero nosotros seguimos contando las semanas, los días y los minutos. Cada cual tomó su camino y volvió a sus quehaceres. Aunque te rías, aquí hay que trabajar, los que pueden trabajan, y algunos no trabajamos porque ya somos viejos. Trabajamos sin horas y sin cobrar a cambio.

  • Como si no lo supiera.

  • Perdona, ¿qué me has dicho? Sigues tan socarrón, y yo olvidando que todas nuestras cosas las tienes muy presentes en tu galaxia.

  • Fue el miércoles pasado cuando ocurrió tu muerte. Aquí así le llamamos a una despedida como la que tuviste tú la noche del día diecisiete. Y ahora, ¿qué hacemos? ¿Cómo seguimos solos sin ti, sin nuestro Presidente? Y yo te escucho atento. Seguiremos adelante contigo. Tú estarás con nosotros y seguiremos luchando por la justicia y la igualdad y la recuperación de nuestros desaparecidos. Y ya estamos preparando las próximas Jornadas que serán las tuyas, y te lo digo como si tú no lo supieras. Y el homenaje a los guerrilleros y a ti que eres ya uno de ellos. Y antes, haremos el certamen de tu amiga la Dulce, la otra compañera de galaxia.

Y tú sonríes

  • Antes de terminar, quiero reflexionar contigo y darte una noticia… seré tonto, si tú seguro que la sabes:

  • Fuiste imán, y La Gavilla atrajo, contigo, desde los cuatro puntos, infinitos amigos.

Más algunos se fueron.

¿Te acuerdas del Manolo y de La Puri? Más de una vez hablamos,

  • Adolfo, habla con ellos- me decías- a ver si los acercas otra vez.

  • Y no pudimos.

Pues esta es la noticia:

Tu muerte ha sido imán y ha vuelto a reunir gente dispersa. Manolo nos ha escrito y nos ha mostrado sentimientos de amor.

Seguro que pronto estará con nosotros y tú estarás contento. Yo ya estoy.

Gracias por todo Pedro, Presidente. Hasta siempre. Seguirás con nosotros y nos darás la fuerza que nos haga falta. Seguro. Lo creemos. Lo esperamos. Nos quieres. Te queremos.

Y tú sonríes. Pedro!

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