TOTAL, POR UNAS FLORES... | MATÍAS ALONSO 

En Paterna todo el mundo sabe el legado histórico que encierra su cementerio. Hombres y mujeres ven pasar sus vidas acudiendo a una cita anual en la que unos y otras se reencuentran adecentando unas lápidas que no todos acaban de entender; sólo saben que allí hay mucha gente como su padre, abuelo o marido que un día (o una noche de saca) fue asesinado injustamente. Tienen nociones de que aquello lo hicieron unas gentes muy malas, y que mandaba Franco; no van más allá porque el silencio les hurtó la plena conciencia de lo que pasó con su familiar.

Años de miedo borraron el calor y el entendimiento entre generaciones que nunca pudieron hablar a la luz de una lumbre; la voz muda de la sangre les hizo seguir en el mismo bando del difunto asesinado, pero no pueden sentir el calor ni las emociones que aquéllos sintieron ante los símbolos y colores que adornan el entorno de los monumentos; sólo les queda un dolor solitario que durante muchos años no pudieron compartir.

A pocos metros hay otro monumento que nadie sabe qué evoca o a quién está dedicado, pero su estética apunta hacia el otro bando. Junto a él, olvidado y clandestino, estaba el cuerpo de Basiliso Serrano, El Manco de la Pesquera, junto a la tumba de unos militares. El trasiego de personas de uno a otro extremo del cementerio se ha producido siempre, sin percance alguno ni en uno ni en otro monumento; unos y otros saben que la atrocidad enterrada entre esos muros les supera a todos; el respeto es demasiado intenso como para intentar siquiera ofender a quienes limpian esas fosas que contienen a tanta gente humilde. Nadie pisó nunca ni una de aquellas flores.

Y así transcurría la vida en ese emblemático cementerio hasta que llegó la nueva corporación; creyéndose dueña de ese inmenso legado, ordenó arrancar las flores del Monumento a los Fusilados por la Libertad? total, son unas simples flores que alguien piensa que no están «ni en el momento ni en el lugar» adecuado porque «hieren la sensibilidad». Y así, esa nueva corporación entró como elefante por cacharrería en los anales de la memoria como aprendices de su hermana mayor, Rita, pillada con las manos en la masa haciendo desaparecer las fosas comunes del cementerio de Valencia.

Son jóvenes, pero esa corporación ha demostrado que sostiene ideas viejas; no ha entendido a su propio pueblo y ha pretendido darle la vuelta al cementerio como a un calcetín; confunden lo municipal con lo parroquial, lo público con lo privado, la propiedad con la custodia de un legado histórico cuyo ámbito supera ampliamente lo local. Han involucrado al flamante cardenal, que a buen seguro se habrá ocupado de que volvieran a arrancar las flores vaticanas del Monumento a los Fusilados. Eliminaron el rojo de todos los parterres que cuidaba el Ayuntamiento y ahora todo es blanco y amarillo en un cementerio que es municipal, no parroquial. Otra idea antigua que los delata.

En un último intento, ante las narices de los periodistas asistentes a una rueda de prensa vuelven a arrancar las flores del Vaticano y plantan de nuevo decenas de plantas de color malva. El engaño surte efecto y ciertos medios creen que el Ayuntamiento ha rectificado, cuando la verdad es que nos estaba insultando de nuevo a todos. Lo que se pedía es la restitución de los colores anteriores, los de la bandera republicana que representa valores que hoy rigen la vida en toda Europa, y por los que a aquellos mártires les fue segada la vida. Colores que formaban parte del monumento y que ningún alcalde está legitimado en conciencia para alterar, y menos con los atroces argumentos que esgrimió un concejal que demostró que no merece ser guardián de ese inmenso legado. La dignidad exige su cese o renuncia, no un simple gesto simpático y a otra cosa.

Total, sólo son unas flores? pero han dejado al PP al descubierto en su afán de agredir a la menor oportunidad la memoria de los que creen que deben seguir sojuzgados. Esas simples flores delatan por tres veces su intención de ofender; ellas nos dicen que se puede ofender a lo fino, como en Paterna, arrancando unas simples flores rojas, amarillas y moradas, o a lo bruto, como Rita Barberá, metiendo las excavadoras y arrasando lápidas? pero a veces se tropieza con una flor, o con un hueso; ahora toda España ya sabe, por unas simples flores, cómo son realmente esos jóvenes de ideas viejas que gobiernan Paterna. ¿Ves, Rita, como no hacía falta ser tan bruto para ofender la memoria de los sin nombre? Ellos, con unas simples flores; tú, con la excavadora. Pero en Paterna han rectificado (a la fuerza) ¿y tú, en Valencia, cuándo?.

*Coordinador del Grupo para la recuperación de la memoria histórica. Fundació Societat i Progrés y miembro de La Gavilla Verde.

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