HEMOS ESCRITO 

Julio

Un mes como otro cualquiera si no fuera porque me ha tocado a mí escribir algo sobre él. Si fuera Diciembre tendría el recurso de la entrañable navidad, la religiosa por supuesto, no la tan manida festividad profana y consumista de los grandes almacenes. Buenos serían así mismo Marzo y Abril con el estímulo idílico de las flores de primavera, pero Julio me obliga a centrarme en sucesos históricos de obligado recuerdo.

Las efemérides nos cuentan que en este mes, pero del año 1936, el Ejército español en el norte de Marruecos, a las órdenes del general Franco, se subleva contra el Gobierno legítimo de la República y comienza la guerra civil, o que en el año 1947 la ley de Sucesión en la Jefatura del Estado en favor de Franco es refrendada -¿democráticamente?- por un 92% de los votos.

Pero lo que las efemérides no cuentan, es la perplejidad de mis años mozos en relación con este mes y la alegría con que mi padre -hombre curtido en estas historias de clandestinidad que ya no interesan a nadie- esperaba la fecha del 18 de Julio como agua de Mayo, ¡Vaya!, otro mes que se nos cuela en el refranero. Pues bien, en esos tiempos ya tenía una difusa percepción de lo que Franco representaba para mi familia, y por ende para el resto de las personas que malvivíamos en la década de los sesenta.

Mi padre [tiempo después descubrí todo con más claridad] recibía a desconocidos –por lo menos para mí-, los cuales entraban en mi casa con un paquete extraño que dejaban rápidamente en manos de mi progenitor y se esfumaban por las calles oscuras de mi barrio. El paquete misterioso contenía periódicos, pues uno de ellos, con el ajetreo del transporte sigiloso, había perdido parte del papel del envoltorio y pude leer: “Mundo Obrero”.

Tiempo después supe que éramos el último eslabón de la cadena de distribución de la propaganda del “partido”, que era como se conocía al PCE. Mi padre lo llevaba al día siguiente a la fábrica donde trabajó toda su vida desde que emigró de su pueblo.

Así pues, no entendía que mi predecesor, un hombre comprometido, que se jugaba la cárcel por distribuir propaganda prohibida, anhelara la llegada del día en que el dictador contra el cual luchaba, destrozó la vida de este país. ¡La paga extra! y no los desfiles televisados compensaban la espera de una familia con recursos limitados como la mía. Claro que, tampoco veía la utilidad a un dinero que bien se pudiera utilizar en veranear en Alicante, y no en la piscina de mi barrio, que era quien nos acogía los tres calurosos meses de las esperadas vacaciones, pero eso.... es otra historia.

Juanbe Moreno

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