HEMOS ESCRITO 

Buenas tardes a todos,

En primer lugar quiero felicitar a los organizadores de la Feria del Libro de Castilla-La Mancha. Es una gran alegría estar hoy aquí para acompañar a un buen amigo en el estrado y hablar de dos temas que me entusiasman, a mí entender perfectamente interrelacionados: de los pueblos y del tiempo de la guerrilla.

“Estos hombres que no quisieron entregarse a Franco eran buenas personas, no como las malas lenguas dicen, escapados de la cárcel luchaban contra la dictadura franquista y a favor de la libertad, por eso las personas de buena fe, las personas que queremos vivir en libertad y tenemos sentimientos humanitarios les hemos ayudado para que pudieran subsistir hasta que hubiera habido cambio de gobierno, que esos hombres los guerrilleros, volvieran a sus hogares con sus familias, con sus mujeres y sus hijos, pero todo el sacrificio que hicimos fue en vano. Memorias. El Amor en los tiempos de la guerra. Félix Pasarón.

En estas frases, de manera sencilla, se explica qué fue el movimiento guerrillero. Una guerra injusta, una guerra inmerecida por el pueblo español, contra la República que pese a todas sus contradicciones fue una explosión de libertad tras siglos de injusticias. La guerra fue la respuesta de los poderes anclados desde el pasado en los privilegios y que optaron por imponer el nacional-catolicismo, el nacional-sindicalismo, el tradicionalismo, el monarquismo y el golpismo a través de las armas.

Estamos ya un poco a la vuelta de todo y aparecen como nuevas las viejas teorías revisionistas y sirven de alimento a los que realizan una crítica dulce al franquismo o cuando más lo siguen glorificando.

Un golpe de estado, es un golpe de estado y lo que le siguió fue una guerra y le llamamos civil porque dicen que nos peleamos entre hermanos, pero lo cierto es que se estaba librando sino la primera batalla, la previa a la II Guerra Mundial. La guerra entre los regímenes autoritarios, entre los que se hallaba el nuestro al lado de Hitler y Mussolini, frente a los aliados.

Los derrotados no se conformaron con ello y dada la situación internacional, resistieron a la implantación del estado franquista y lo hicieron con las armas, con las pobres armas que tenían, que era la única forma de hacerlo, pues las libertades estuvieron suspendidas y perseguidas hasta la muerte del dictador. Pero esta no es la parte más importante del asunto, sino que a los huidos y a los venidos de Francia la gente de los pueblos, les ayudó.

Los Martínez Millán, los Plaza, los Saiz, los Cotillas, los Pasarón, los Arcos, los Valiente, los Chumillas, los Montero, los Martínez, los García, Los Alcorisa, los Pastor, los Antón, … tantos apellidos podríamos anotar, gentes sencillas con fuertes convicciones sociales, más que políticas, que sabían que con la implantación del franquismo llegaba de nuevo la oscuridad y había que hacer algo y aquellos hombres del monte habían venido desde tan lejos con mensajes tan firmes que había que ayudarlos, eran la última oportunidad vista como iba la guerra en Europa antes de ingresar en la noche sin libertad.

La historia de esas gentes es la que mejor define el término generosidad.

Personalmente, de este episodio histórico, y creo coincidir con Salvador, lo que me atrae es su dimensión social, por encima de la dimensión política y la histórica, que de por sí son enormes. No puedo abundar en ello, así que paso de puntillas. Lo que más me deja impresionado, tras los años de trabajo acumulado, es la importancia y las consecuencias que tuvo este periodo en el desarrollo de los pueblos y de la provincia de Cuenca.

El libro parte de Cuenca y se expande a todo el territorio donde actuó la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, por lo que hay un exhaustivo trabajo, pueblo a pueblo, persona a persona, paraje a paraje de lo aquí sucedido. No por ello, se dejan otros territorios vecinos de nuestra comunidad sin explorar, sin agudizar hasta el detalle él por qué y cómo se desarrolló aquel tiempo funesto y a la vez luminoso.

No hay libro publicado que hable más de mi pueblo y sus aldeas, Santa Cruz de Moya. Lo veremos citado en numerosas ocasiones, pero también se hablará se La Pesquera, de Salinas del Manzano, de todos y cada uno de los pueblos que tuvieron relación con los hechos narrados por diminuta que esa relación fuera.

Esto nos confirma el interés del investigador en vaciar completamente los archivos a partir de las numerosas entrevistas realizadas, con repetidos viajes a las zonas, es decir, una gran parte del territorio conquense.

Así, ustedes, podrán conocer con profundidad cómo era aquella sociedad de la que procedemos, que no está tan distante. Si cada una de nuestras vidas fuera un hilo con el que se teje la historia de las sociedades, podrán valorar lo que les digo, podrán comprender mucho mejor cómo somos y cómo la guerra que se desató en la totalidad de la Serranía, en La Alcarria, en la Manchuela y en esta misma ciudad, por alejado y remoto que nos parezca en el tiempo.

Encontraremos respuestas a situaciones que hoy vivimos, pues fueron aquellos que recibieron el mayor peso de la represión los más valientes y abnegados y, muchas veces, los mejor preparados para haber conducido el peso político de esta provincia y haber evitado problemas tan actuales como la despoblación, la discriminación de las mujeres, la falta de medios educativos hasta finalizar el franquismo o el alejamiento de Cuenca de los grandes centros de decisión, pues su participación, en condiciones de normalidad hubieran contribuido a que los errores que cometieron aquellos que nos gobernaron durante la dictadura, lo hubieran tenido más difícil para convertirnos en una de las provincias más despobladas, que necesita de subvenciones pese a nuestra riqueza natural y nuestra encomiable situación geográfica en el centro de la península que pasó desapercibida al desarrollo industrial.

Salvador Fernández Cava es un autor prolífico y conocido: poesía, narrativa e historia son fundamentalmente sus ejes de trabajo, pero en esta obra que hoy presentamos, destapa un sentido escrupuloso con el oficio de historiador, a pesar de algún tinte poético y algún amago literario también despunta entre las páginas.

Podrán decir que se escora hacia las posiciones de los que defendieron a la guerrilla, pero vuelvo a insistir, no creo que eso sea desde la visión política, a los que andamos por estos territorios nos llega al alma la heroicidad de estas gentes sencillas, a la vez que nos une la crítica contra aquellos que tomaron determinadas decisiones políticas, vinieran estas de Madrid o de París. Quiero decir con ello que nos encontramos ante una obra total y que deja pocos resquicios por dilucidar.

El libro puede leerse de manera horizontal, es decir de cabo a rabo, o de forma vertical. Pueden ustedes encontrar explicaciones documentadas de que pasó en cada uno de nuestros pueblos ayudándose de fechas, las vicisitudes de cada una de las personas que participaron e incluso apuntes del historiador, cuando éste no ha podido documentar más allá del testimonio, algunos sucesos que siguen en el misterio.

El libro, por ello, es enciclopédico y una buena herramienta para seguir construyendo nuestro pasado sobre el que tanta niebla invirtieron para que no supiéramos que en la provincia de Cuenca se resistió, se luchó por las libertades y se sufrió en demasía por ello.

Es un libro dedicado a las personas, cuya medida es el ser humano y la importancia que tenemos cada uno de nosotros en ir tejiendo esa tela, como decía, que es nuestra historia social y política.

Este libro, además, ya tiene su propia leyenda. Estábamos este año, en el acto de homenaje a los guerrilleros, en Santa Cruz de Moya, cuando Fernando Escrivá Furió, guerrillero valenciano, tomó la palabra, y en vez de dedicarla a narrar sus días, sus noches en la serranía, en homenajear a sus compañeros, en gritar vivas a los sueños que están por venir, dedicó su parlamento a elogiar al libro y al autor, que tengo a mi lado. Más de mil quinientas personas pudieron oír de sus labios “Salvador, si hubieras vivido en esos años, no dudo por un momento que hubieras sido guerrillero como nosotros” A él y a mí nos ha tocado ser otro tipo de guerrilleros, somos pacifistas y nuestras palabras son nuestras balas y este libro y otras acciones que desarrollamos son los rifles con los que disparamos contra el olvido. Así deberá ser en el futuro, que nos dejen profundizar en las libertades, que podamos enriquecer culturalmente este país, que la gente vuelva a desbordar nuestros pueblos, no tan solo unos días al año, que volvamos a ser una provincia rica y próspera y que acabemos con tantos siglos de descabellados desencuentros.

Si quieren compartir con nosotros estas realidades, deberemos saber que les pasó a los nuestros, no ya por no caer en los errores, sino para no perder la batalla del progreso.

Pedro Peinado Gil

Félix Pasarón. Nació en Villa del Humo. A los 11 años se traslada a vivir a Fuentes (Cuenca). Sin más medios de vida que sus propias fuerzas, desde los 7 años hasta los 13, fue pastor y posteriormente obrero. Se casó a los 21 años, no sin dificultades, trabajó en los túneles de la vía del tren, y al llegar la República se afilió a la CNT y a Izquierda Republicana. Formó parte del Comité de Enlace que gobernó Fuentes durante la guerra. Procurando en todo momento que no se llevaran represalias contra nadie. El 12 de abril de 1938 se incorpora en la filas del ejército republicano. El 8 de mayo de 1939 es detenido junto a veinte personas. El 21 de enero de 1941 es condenado a 12 años y un día por “auxilio a la rebelión”. Ingresó en la prisión del Seminario de Cuenca y pasó 34 meses y 14 días en el Monasterio de Uclés y la prisión de Toledo.

En 1947 inicia las tareas de punto de apoyo con la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. Es detenido en 1949 y juzgado el 7 de octubre de 1950. Es condenado a 8 años por el deleito de auxilio a la rebelión. El 14 de marzo de 1954 es puesto en libertad.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO LOS GUERRILLEROS DE LEVANTE Y ARAGÓN
(Feria del libro de Cuenca, martes, 22 de abril, 2008)
Salvador F. Cava

QUERIDOS AMIGOS

Nunca y menos ahora las palabras, mis palabras, quieren ser ambiguas en la presentación de mi trabajo, de mi libro sobre Los guerrilleros de Levante y Aragón, en sus dos tomos, de manera completa.

Es un larga y ansiada investigación, escritura y edición de la que me siento más que orgulloso, y de tal querencia quisiera que igualmente se sintieran satisfechos todos los guerrilleros, enlaces, hombres y mujeres republicanos que participasen en la guerra civil, y nosotros, ustedes, los continuadores de ese espíritu de convivencia y lealtad a sus principios públicos de ejercicio de la ciudadanía, en igualdad, solidaridad, libertad y justicia.

Este libro, con toda certeza, no hubiera sido posible sin la propia historia de los hombres y mujeres que en él, en número casi infinito, se citan. Como digo, sin el cuerpo de los combatientes republicanos, de los guerrilleros y enlaces que forjaron un mundo de respeto.

Pero tampoco hubiera sido posible sin la ayuda de mucha gente, guerrilleros supervivientes, familiares, guardias civiles, gentes de a pie que mantuvieron la memoria activa y quisieron compartir sus recuerdos conmigo en claro compromiso o revisión vital y hasta política de su historia.

Y también, claro, en mi caso, asociaciones de jóvenes emprendedores por llenar el horizonte de luces posibles, como la de La Gavilla Verde en Santa Cruz de Moya, o el Canto del Búho en Buñol, y amigos universitarios.

Y tampoco, sin la ayuda de amigo, el editor Ramón Herraiz, a quien Cuenca empieza a deberle más de lo que tal vez le pueda pagar.

Los datos aportados por los protagonistas han sido tan importantes como los conseguidos en los archivos oficiales: la oralidad y la documentación, el testimonio y el documento, conforman su todo. Y aquí, sin tampoco decir sus nombres, por múltiples circunstancias, quisiera citar al joven brigada del archivo judicial militar de Valencia, al entrañable y eficaz archivero del Centro Penitenciario de Cuenca, y a dos chicas, de las que no recuerdo su nombre, una de ellas natural de un pueblo de Cuenca, que durante un verano me ayudaron como Dios, o sea como nadie, a avanzar en los sumarios o causas de sus dependencias.

Otros agradecimientos, más sentidos, van en las dedicatorias de los libros (aunque me van a permitir que especialmente nombre a Paco Valiente de Sotos, a Félix Pasarón y a su familia, y a la de Rufino García, y a Carmen, la flor encarnada de Cuenca).

Pero quisiera ahora, decirles, sobre el libro, y sobre su contenido, algunas cosas.

La primera es que se puede y se debe investigar y editar desde Cuenca sobre nuestra historia reciente. Con tesón y profundidad y convencimiento.

Y en alguna o buena medida se puede ejemplificar desde ella, quitándonos de encima nuestros inútiles complejos ribereños.

Este enroque de mi empeño de la edición con pie de Cuenca, como podría haber sido en Teruel, otra de las provincias que pedía a gritos un estudio detallado de su lucha del maquis, aunque en mi libro haya algunas cosas, y de la que en parte, de su comarca del Maestrazgo, la de Gúdar, ya hay un buen libro, y también Valencia, más presente en estas largas páginas, digo que este enroque ha sido y es una cuestión de principios, por lo menos en esta primera edición: hacer un buen libro y hacerlo desde Cuenca y a iniciativa privada.

He querido que la vida y la muerte se contaran donde hubo vida y muerte, y que a ser posible se leyera también bajo el signo no del rencor, sino de la memoria y su significado histórico. Las heridas se curan en el propio cuerpo del enfermo, y ésta es una herida, la del reconocimiento y recuperación de sus derechos, y hasta la del castigo de los que lo hicieron posible, que no hemos afrontado. La sociedad conquense está en deuda con los republicanos y con el maquis, su obcecación en formulas culturales y de convivencia tradicionales y religiosas no suponen nada más que un atraso histórico, un claudicante y vergonzoso modelo de supervivencia en fórmulas de secano, de cultivos mentales de secano, y así nos va, e igual que trasvasamos nuestra agua, lo hacemos con nuestra historia y nuestra identidad.

Volveré sobre ello.

Por lo que se refiere a los planteamientos de escritura del libro, he de decirles que he intentado hacer visible la trama de sentimiento y compromiso que se vivió en aquellos tiempos de la década de los 40 a lo largo de una amplia geografía de ríos, sierras, pueblos y casas de labor, y que ahora rememoramos como verdad, ensueño y hasta como poesía.

Hoy en día hay bastante literatura del maquis. Ciertamente es un tema que tiene un sin fin de posibilidades de escritura, interpretaciones, comentarios, análisis e imágenes. No hay región montañosa española que no tenga varias obras y actuales sobre este tema. En ese sentido alguien podría pensar que mi libro es oportunista. Yo creo, de entrada, que quien haya seguido mis avatares, mis largos avatares, sabe que no es así, que llevo más de diez años, día a día, investigando, escuchando, paseando con la vida guerrillera. Pero además, no hace falta que compren el libro, con el mero hecho de que lo sopesen creo que damos por terminado este posible reproche.

El origen de mi empeño por escribir con suficiencia y rigor las vivencias del maquis está en la memoria, el mito y algunos haceres de recuperación histórica muy puntuales de los que uno se siente heredero y que dan pie, impulso y cauce a sus aspiraciones.

Desde luego, ha sido un libro trabajado. Los kilómetros recorridos para leer documentos o hablar con las personas han sido bastantes. Y espero que su final, principio sin duda para otros, haya merecido la pena. Y que, tras su lectura, como ya me ha pasado, alguno se pueda animar a continuar sus hilos narrativos, que son muchos los que quedan sueltos, y que brote también el orgullo de sentirnos partícipes del hacer de unas gentes, como nosotros, que sin tregua y contra todo impedimento, luchan no por la utopía, sino por la realidad de la libertad, la justicia y la República, o dicho de otra manera, para que nuestros ideales sigan siendo todavía jóvenes y posibles.

Concretando, las novedades que ustedes pueden encontrar en mi libro, o dicho de otra manera, cuáles han sido sus soportes teóricos y hasta económicos y políticos son los que siguen.

  1. Yo no soy historiador. Acaso investigador, y tal vez un poco de escritor. Lo cual no quiere decir que no sepa citar con exactitud las fuentes. Pero más que análisis comparativos o cuantificaciones, encontrarán en sus páginas y no por mero capricho mucha memoria oral y mucha biografía. Ya habrán oído esa frase de (Castillo del Pino) que “somos nuestra memoria”. Ahora bien, recobrada desde postulados políticos democráticos, con revisión, reconocimiento y derechos. Pero también aquí, al hablar de la vida de las personas, de la vida de las personas en buena manera ya desaparecidas, he tenido que escribir la vida de los muertos, que es algo más profundo que su biografía, por aquello, y es otra de esas frases que como espina llevamos siempre prendida en nuestro corazón, por aquello de que “nuestro” o “su” nombre no se borre de la historia.

  2. El punto de vista vital necesariamente tiene que estar acotado. Por una parte intentando ser objetivo, pero por otra asumiendo ya desde sus primeras líneas mi afinidad con el cuerpo republicano que habita sus historias, porque en ellos estuvo el sufrimiento diario por una causa social tan noble como era la recuperación de las libertades republicanas, de la legalidad republicana, y hoy en día de su legitimidad.

  3. El punto de vista también técnicamente está acotado. Uno ha de colocar la cámara que graba el tiempo en algún lugar. Ha de remarcar cuál es su perspectiva. Y en este caso uno echa mano de sus posibilidades, que indudablemente va modificando según avanza en su investigación y según adquiere nuevos conoceres. Las mías fueron, inicialmente, los montes de Cuenca, su geografía de rentos, aldeas y ríos y sus gentes. Poco después los de la Alcarria de Guadalajara, la Manchuela de Albacete, toda Valencia, la ciudad y sus comarcas y buena parte de la geografía de Teruel, Montes Universales, Sierra de Javalambre, de Gúdar.

  4. Todo nominalizado. Sin nombres y sin su fotografía estaríamos en el ensayo austero, en la ficción y no en el testamento informativo y formativo de lo histórico, de lo habitado y lo habitable, del pasado real, del presente y de su proyección de futuro. Sin nombres, no hay leyes, o mejor dicho, no harían falta leyes. Pero además, sin nombres, no hay ni vivencias ni convivencias.

  5. Y claro es, este es un libro de sentires expresos, ya lo he dicho, de vivencias, alternando rigor con sentimiento, de ahí que además de documentos contrastados, esté el recuerdo oral, en palabra de sus propios protagonistas, de ambos lados, pues sin esa doble realidad, de protagonistas y antagonistas, no hay lucha, no hay conflicto.

  6. Desde luego no es un libro peliculero. O sea difícilmente de él se puede hacer una película. Esto es posible o más factible si acotamos las historias y las individualizamos. Si nos movemos por el terreno de la leyenda o del mito. Algunos los hubo en la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, no muchos: “El Manco de La Pesquera”, “La Pastora”, hasta cierto punto “Jalisco” o “el Rubio”. Su lucha no fue individual, sino organizada y disciplinada, de ahí que tal estructura no facilitase la creación de tales entidades discursivas.

  7. Y también he de destacar el valor significativo de la gente que ha hecho posible esta ejemplar historia. No sólo la de los que me han ayudado en su escritura, sino la de los que fueron protagonistas de la misma. Se trata del cuerpo social de los republicanos, de los milicianos, de la guerra civil. Los guerrilleros fueron el último cuerpo militar republicano que luchó contra el franco-falangismo de la década de los años cuarenta. Y eso es lo que lamentablemente no se les ha reconocido en la Ley de la Memoria Histórica. Con ello no solo se ha perdido una oportunidad, sino que tal vez, habida cuenta de sus años, se haya perdido la última ocasión de reconocerles sus derechos.

La Ley de la Memoria Histórica. Antes de terminar quisiera referirme a ella, en lo que afecta al libro y en lo que concierne a Cuenca. En realidad en lo que se refiere al contenido de mi libro le afecta de lleno, casi página a página. Pero en el listado de las causas pendientes yo quisiera hacer alguna reflexión y una cita más que puntual y crítica.

En primer lugar: Una ley sin derechos legales, que sea recurrible su incumplimiento ante los tribunales, no es necesaria…, porque no tiene ninguna utilidad. Con una resolución, o varias, o algo parecido sería suficiente.

Pero en segundo lugar, seguramente aconsejado por el peso de las canas, es mejor un paso aunque pequeño que el todo o el nada. Un paso y luego a seguir luchando por el siguiente. Es nuestra constate de conquistas sociales.

Por lo que se refiere a Cuenca, completando lo expuesto líneas atrás, quisiera decir lo siguiente: Urge, por salud pública una revisión detallada de los haceres de posguerra, por acción o por omisión. Debemos saber quiénes pilotaron nuestra represión y quiénes consintieron nuestro olvido.

Pero de la misma manera habría que clarificar los aparentes comportamientos ilusionantes para desatascar el atraso provincial en la larga noche del franquismo y el querer tamizarlos con su florear de camisas falangistas, o sea fascistas. No hay revancha, simplemente honestidad y hasta descarga de conciencia para los propios afectados, y en algunos casos justicia. Un ejemplo: Federico Muelas.

Lo que ya no es de recibo, se vista de poética o de locuaz encanto en un tiempo, y ahora de rancio dogmatismo o extraño comportamiento posibilista, es que no se cumpla la Ley de la Memoria y todavía en nuestro callejero estén los Fanjules, los Benítez, las cruces de los Caídos, o los monumentos a obispales golpistas y falangistas reconocidos, y no haya un gran paredón de la memoria en homenaje a los fusilados… Esta ciudad no tiene memoria, y si no tiene memoria no tiene derecho a la memoria y si no tiene derecho a la memoria es que no existe. Su existencia es su pasado, el de sus gentes, no el de sus piedras, no el de sus ríos, ni el de sus otoños amarillos, no su pasado turístico o encantador, eso un bálsamo comprensible de convivencia, pero las vivencias son personales y también históricas. Y ello, si es nuestro poso, aunque profundamente nos duela, también ha de ser nuestro peso, y ha de marcar nuestro paso.

Salud, suerte, República y corazón. Feliz día.

BIOGRAFÍA
Salvador F. Cava (1955, Masegosa, Cuenca) es profesor de Secundaria en Valencia. Tras su paso y labor relacionados con la literatura, como escritor y animador del mundo de las letras, con libros de poesía, ensayos histórico (sobre el Postismo (Chicharro, Ory y Sernesi), Erasmismo e Inquisición (en el tiempo y la obra del Doctor Constantino) o el teatro barroco (del judío errante Enrique Gómez),cofundador de la Asociación de Escritores del País Valenciano, colaborador de la editorial El Toro de Barro con su editor el irrepetible Carlos de la Rica, premio de poesía Vicente Gaos (Cerezas, cerezas, cerezas, 1986) y editor de las revistas de poesía Zarza Rosa y La Factoría Valenciana, lleva años volcado en la recuperación de la memoria oral, especialmente relacionada con el maquis en las Sierras de Cuenca, de Valencia y Teruel, hermanadas con el espacio de frontera de los ríos Turia, Cabriel y Júcar. Fruto de este trabajo son sus ediciones de las vivencias de dos guerrilleros: Emencio Alcalá “Germán” (Memorias de un guerrillero, 2002) y Juan Hueso “Casto” (Informe de Guerrillas, 2004), las Memorias de Félix Pasarón (2007) y la participación en el colectivo La guerrilla en Castilla-La Mancha (Benito Díaz, Coord., 2004), así como su colaboración en revistas culturales, en jornadas, foros y diversas manifestaciones con tal valer. Su libro Los Guerrilleros de Levante y Aragón es el fruto de largos años de canas y peleas en archivos y entrevistas personales a los protagonistas de los hechos narrados. El llegar a buen puerto, público y colectivo, es mérito de todos ellos.

LOS GUERRILLEROS DE LEVANTE Y ARAGÓN, 2 TOMOS,
TOMEBAMBA EDICIONES, CUENCA (2007-2008)

Primer Tomo: La lucha armada (1945-1948)

La Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), desde el año 1945 hasta 1952, supuso todo un esfuerzo político y militar para mantener en pie la lucha armada contra el franquismo, y devolvernos la República y la democracia, al hilo de los episodios finales de la 2ª Guerra Mundial. El Maestrazgo y el Sistema Ibérico dieron cobertura a la más destacada organización del maquis que combatió el ejército, la Guardia Civil, las contrapartidas, los somatenes y las denuncias plurales en un tiempo singular.

Desde los montes de Beceite, Gúdar, Javalambre, Albarracín, Serranía de Cuenca y Cofrentes se articuló todo un sistema de lucha, alimentado y dirigido por el Partido Comunista desde Francia, pero cuya constancia y pervivencia no hubiera sido posible sin el cuerpo militante de las gentes republicanas, y de los enlaces, las mujeres, hombres y chiquillos anónimos, doblemente represaliados, desde el compromiso y el dolor. En Monroyo, Aliaga, Villabona, Manzanera, Higueruelas, Buñol, Calles, La Pesquera, Sotos, Rubielos Bajos, Villamalea, por nombrar un sinnúmero, merecerían un reiterado homenaje.

Al AGLA no se le derrotó. Los guardias civiles, cuerpo elegido como represor político, en contra de su condición, tampoco tuvieron demasiada fortuna en su laborioso trabajo de duras jornadas con asueto miserable. Pagaron con su condición de vivir al margen del credo de la vida social. Como igualmente la cantidad de personas que vieron sus derechos represaliados y negados, y todavía hoy arrastran su reconocimiento. De todo ellos se habla en este libro. De la historia y su memoria actual.

En este primer tomo se aborda el estudio del periodo comprendido entre 1945-1948 con el epígrafe de “La lucha armada”. Se narran en él, con detalle descriptivo y nominal, los hechos, las circunstancias y las personas que participaron en los mismos, poniendo al alcance del lector testimonios durante muchos años ocultos en los cajones empolvados de la mente y las estanterías judiciales. Todo un mosaico heroico e indispensable para poblar la Historia con historias y los hechos con nombres y apellidos.

Segundo Tomo: El cambio de estrategia (1949-1952)

El desastre de Cerro Moreno (Santa Cruz de Moya) en la madrugada del 7 de noviembre de 1949 fue sin duda un punto culminante en la historia de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. La muerte de doce guerrilleros, y la huida de un decimotercero, “Pedro”, en calco arquetípico de numerología, sembró de desconcierto y leyenda un episodio que por lo demás tuvo sus grados de compromiso, utopía, azar, traición e incluso misterio. Magnetismo que perdura.

Pero no por ello se descompuso el AGLA. Todavía, en lo que llamamos “El cambio de estrategia (1949-1952)”, se reactivó su permanencia en los montes que abrigan a los ríos de la Cordillera Ibérica, desde los puertos de Beceite hasta la Sierra de Enguera, aunque su impulso ahora estuviese orientado hacia la instrucción política como horizonte posible. Esta fue la época en la que guerrilleras y guerrilleros conviven en el monte. En la que el Comité Regional comunista asume nomenclatura y dirección lejos de la ciudad, y de las masas obreras y campesinas; por lo que, con el transcurrir de los días y ante las cambiantes perspectivas de futuro, se está a la espera de recibir la orden de retirada.

El proceso no fue ajeno a la dependencia del PCE de las consignas de la URSS con dosis de stalinismo. También esta etapa doblegó, a pesar de la fe ciega en el Partido, algunas voluntades, antes de la salida definitiva en los primeros meses de 1952. Todo ello se contempla en este segundo tomo, con un minucioso análisis narrativo de sus pormenores. Y se incluyen índices y listado de guerrilleros que faciliten su lectura.

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