HEMOS ESCRITO 

SEPTIEMBRE

Después de agosto tumultuoso y tórrido, de televisivas playas abarrotadas de ansiosos buscadores de bronce, baño y ligue, de convivencias familiares al límite del abismo, de filigranas sentimentales para eludir tensiones. Tras este mes de ansiedad y excesos, viene a salvarnos del cansino veraneo, a modo de bálsamo reparador, el mes de septiembre.

En apariencia es una carga el hecho de que acaben las vacaciones y tengamos que volver a nuestra actividad cotidiana anual, pero si miramos con un poco más de detenimiento nos daremos cuenta de que ya tenemos el cuerpo un poco harto de tanto calor y tanto desmadre veraniego, de tanta familia feliz con niños insoportables que corretean alrededor de nosotros, de tanta cháchara del abuelo que nos cuenta sus batallitas de forma recurrente y de toda la parentela, que pasados los cinco minutos iniciales del encuentro estival, ya te han saturado y deseas salir corriendo para perderlos de vista. Hartos ya de tanta novelita tonta bajo el cocotero caribeño, o en la hamaca en la piscina, con el gracioso de turno salpicándote de agua, de peligrosas convivencias de veinticuatro horas con la pareja, de los niños propios y ajenos, pero igualmente insoportables.

Septiembre, con la vuelta a la sana rutina del trabajo, viene a liberarnos de los tópicos veraniegos. Retomamos los agradables cafés a media mañana con los colegas de trabajo. De nuevo volvemos a tener la conexión a internet que funciona en condiciones. Nos quitamos el uniforme de “guiri” y volvemos a vestir de forma habitual, con lo cual comprobamos que el fondo de armario no está lo bien surtido que nosotras pensábamos y podemos planificar de nuevo tardes de compras con las amigas. Hacemos propósitos renovados de empezar con las clases de idiomas, que buena falta nos hace, o hacer ejercicio, al menos caminar. Tenemos renovadas energías para hacer planes laborales. Empieza de nuevo la programación de cine que se deja ver, y no las películas infumables que se programan en verano. Los escritores reservan el inicio del otoño para sus presentaciones. La prensa abandona sus revistas de verano y al fin nos ofrece algo más sustancioso para leer. Vuelven los políticos a la carga con sus diatribas interminables. Las familias se sosiegan con la vuelta al cole de sus amados retoños y suspiran aliviados. La alegría, pues, de la vuelta a la normalidad.

Septiembre nos trae, además, las tardes templadas, los rayos del sol se atenúan, acortando la dureza de la jornada canicular y podemos prolongar los ratos en las terrazas tomando copas con los amigos, pasear sin sofocarnos, conciliar el sueño sin el bochorno nocturno estival. Las uvas, los higos y las primeras tardes frescas coinciden. A finales de septiembre se empiezan a pintar de ocre y granate las hojas de los chopos, arces y fresnos. Los bosques nos anuncian la riqueza oculta que más tarde nos ofrecerán.

El bálsamo del mes de septiembre es siempre bienvenido.

Fina Antón Antón
Agosto 2008

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