HEMOS ESCRITO 

Participación de La Gavilla Verde en la presentación del libro La Guerrilla en Castilla-La Mancha.

- Cuenca -

Viernes, 18 de febrero de 2005

Buenas tardes,

En primer lugar, agradecer al centro de recepción de turistas, la cesión de este excelente espacio.

Desear el mayor de los éxitos a todas las personas que aquí trabajan por una Cuenca mejor.

Agradecer a Alfonso González, a Benito Díaz y a Salvador Fernández Cava por haber invitado a La Gavilla Verde a participar en la presentación de este libro en Cuenca.

No es una casualidad. El proyecto que ahora vemos encuadernado nació en las II Jornadas donde Benito Díaz conoció a Salvador Fernández Cava y al trío de los que cariñosamente hemos llamado los murcianos: Francisco Alcázar, Tomás Escobar y Javier Hernández. Francisco Alía era profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, santa casa a la que tanto debemos, donde el coordinador de este libro presta sus servicios.

Como presidente de La Gavilla Verde, quiero agradecer a las instituciones de Castilla-La Mancha y de la provincia de Cuenca la confianza que han depositado en nuestro proyecto y en todos los proyectos, como este libro, que profundizan en un tiempo que sigue pareciendo maldito.

No podemos dejar de aprovechar este encuentro para agradecer a José Ignacio Albentosa, Francisco Javier León, a Ángel Valiente, a Juan Ávila, a Pedro Gómez, a Máximo Díaz Cano, a José Luís Martínez Guijarro, a Luis Muelas, a Txema Pastor, a María Jesús Martínez por su colaboración con nuestras actividades.

Espero no dejarme a nadie. Debería recordar alguno más, pero han pasado muchos años desde el inicio y a pesar de que tratamos de la memoria, puede que ese sea una de mis mayores defectos, pero nos han pasado tantas cosas.

Quiero agradecer a los compañeros socialistas, a los camaradas del PCE de Cuenca, en especial a nuestra amiga Carmen Martínez y a la gente de Motilla, a los compañeros libertarios y a todos los que siempre estuvisteis con nosotros.

A Manolo y a Puri, que desde Masegosa han sido nuestros enlaces en la Serranía Alta y continua su aportación y su amistad.

Agradecer la presencia de nuestra socia con una mayor proyección social y con mayor responsabilidad. Virgilia Antón, Vicepresidenta de las Cortes de Castilla-La Mancha. Natural de Santa Cruz de Moya. Confiamos en Virgilia, estamos seguros que con ella, la Serranía Baja será menos baja y, a ver, si entre todos, nos ayudáis a subirla un poquito.

Somos agradecidos y tenemos buen conformar.

Hago estos agradecimientos con total sinceridad. No quiero que nadie piense que es un acto adulador.

Reconocemos que sin vuestra ayuda, nuestro proyecto no tendría sentido y además lo nuestro es de todos, en este caso.

Esta es la primera vez que hablamos en Cuenca en un acto público y ha sido desde aquí, desde donde hemos recibido el apoyo más sincero.

Propio es que aprovechemos esta ventana para agradeceros vuestra amistad.

Y ahora hablaremos del libro, que es a lo que hemos venido a hacer en esta tarde.

Considero que es un libro valiente, porque nos introduce en uno de esos espacios, donde nunca es cómodo transitar por lo doloroso de las experiencias vividas y narradas.

Considero que es un libro Plural, por estar escrito por un colectivo de investigadores, por que nos adentra en el conocimiento de las organizaciones guerrilleras que actuaron en las cinco provincias que ahora conforman nuestra comunidad política y administrativa.

Nos permite tomar una perspectiva que va más allá de lo mucho o poco que sabemos en Cuenca de lo que fue la guerrilla y, por tanto, nos ayuda a conocer a las otras agrupaciones guerrilleras castellanas y compararlas con la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón que fue la que más territorio conquense recorrió.

Además de ser un libro valiente y plural, es veraz.

Es un libro escrito por Historiadores e investigadores con años de trabajo.

Escrito por personas que a su curiosidad han unido el método y la perseverancia, comparando las voces con los recursos documentales.

Es un libro crítico, porque desmenuza con bisturí las condiciones sociales nacidas del franquismo, las que padecieron nuestras generaciones precedentes y, por breve espacio de tiempo, nosotros mismos.

Es crítico por que pone en duda la política de la izquierda española, no tan solo en el momento en producirse la sangría, sino hasta hace ahora cuatro días, por que La Guerrilla en C-LM nos delata que a pesar de la elogiada transición, quedaron en un rinconcito de la historia, las vidas de no pocos conquenses que se vieron atrapados en la espiral de la violencia.

Este libro es, además, un tesoro, que nos presenta fotografías solo halladas por la tenacidad, documentos orales y escritos, rastros de diarios guerrilleros, de las experiencias y comportamientos de los diversos grupos que actuaron en un escenario producto de la falta de libertad y del resultado, siempre terrible, de la guerra.

Finalizado nuestro elogio al libro, pasaré al elogio a los autores presentes. No sin expresar nuestro cariño personal y nuestra admiración y respeto a los coautores, a los Franciscos, a Tomás y a Javier.

Compartimos con ellos no una afición, sino una total adicción a aquel tiempo donde hemos quedado atrapados.

Y eso es lo que nos ha llevado no tan solo a conocernos y a compartir los estupendos y prolíficos días de las jornadas.

Colaboramos, nos comunicamos constantemente, hemos investigado las historias, entrevistado a guerrilleros, a guardias civiles, a personas que mantienen en la retina el color de la represión y no pueden olvidar el olor de la sangre que vieron verter tan inútilmente.

Han sido Benito y Salvador, los que más nos han enseñado.

El primero vive en Talavera y es el primer especialista sobre la guerrilla en Extremadura-Centro.

Salvador es de la Sierra y todos la conocemos. Sabéis que nunca hubo gente más generosa en tierra más desgraciadamente bella.

Digo desgraciada, por las difíciles condiciones de vida que hubieron de vivir los nuestros, por la escasez de recursos que nos proporciona la belleza y por el esfuerzo que significa convertir esa escasez en riqueza.

Sabemos de sobra lo que cuesta una peseta serrana.

Salvador nos ha abierto muchas puertas.

Sin su ayuda nos hubiera sido difícil contactar con Chaval en Praga y poderlo traer hasta Santa Cruz de Moya y romper el exilio que inauguró en 1952, cuando dirigió la última y más delicada operación que realizó la Agrupación Guerrillera, su evacuación.

Fue Salvador quien nos habló del alcalde de Salinas del Manzano, de mi querido amigo Rufino, al que saludo, a su esposa y a sus hijos.

Por Rufino conocimos el terrible destino de los que no se resignaron tras la derrota de la II República.

Junto con la historia de Remedios Montero y Esperanza Martínez, la historia de la familia García Martínez, es una de las historias familiares más duras que uno pueda oír.

No puedo dejar de pensar en todo lo que vieron los ojos de Rufino. Sus tres hermanos entregados a la lucha por la democracia, hay que decirlo alto, la guerrilla es la primera oposición al resultado de la guerra y, por lo tanto, son el primer ladrillo de este edificio legal donde vivimos y que nos permite hoy expresarnos y reunirnos, sean cuales sean nuestros pareceres.

Quiero recordar a Eusebio García Martínez. muerto en acción en Fuertescusa. Se incorporó a la guerrilla porque le acusaron de escuchar determinadas emisoras de radio. Imagínense que mañana nuestros vecinos nos denunciaran por oír la radio. No tan solo que nos acusara de ello, sino que entraran en nuestra casa por sorpresa, sin pedir permiso, para ver por que ondas andábamos. Y cada noche. Y cada día. Hasta agotar el aire que respiramos.

No puedo olvidar a Ángel García Martínez, hermano del anterior, sacado de su casa por la fuerza, al que le dio tiempo de escribir un poema a su mujer antes de que le asesinaran por la espalda bajo la cruel ley de fugas.

Ángel decía en su despedida:

Conducido y atado
ante los guardias venía,
como si fuese un traidor
para la patria querida.

A los que nacieron en democracia, les costará entenderlo.

Debemos explicarles que estas cosas pasan en el mundo y que deben tratar de conservar, como un tesoro, los espacios de convivencia y de libertad.

Eusebio, que dibujaba cuentos de colores desde la prisión de Alicante, Regalo de reyes para mi hermanito Rufino. Eusebio que iba con su cámara de fotos por Salinas retratando las fiestas y los paisajes, fue arrastrado a la muerte por tener convicciones y un estilo de vida propio.

Estaban condenados. Eusebio se libró de una pena de muerte, por ostentar el grado de capitán del ejército republicano. Defendió la legalidad establecida. Era militar de carrera y que permaneció fiel a su país y a sus ideales.

¿Cuánto podría haber aportado Eusebio a su tierra sino hubiera tenido que irse con los guerrilleros de levante para morir en Fuertescusa?.

Quiero decirle a Benito y a Salvador, poco amigos de elogios y, que seguro que al finalizar me reñirán, que sigan este trabajo excelente que están realizando, por ser riguroso y por estar incrustado en nuestra cultura de montaña y en la memoria de nuestras gentes.

Pedirles que sigan haciéndonos descubrir que la historia la forman pequeñas aportaciones realizadas por seres anónimos que lucharon porque había que estar. Nosotros no queremos que queden en el olvido y agradecerles ese esfuerzo.

Tenemos el deber de recordar. Especialmente para querer, no para violentar, ni para alzar muros, sino para comprender.

Tenemos el deber de recordar, que hubo un tiempo en el que la gente de la Sierra no se resignó.

Qué la Serranía resista, ahora, hoy mismo, a un enemigo invisible que ha convertido los pueblos en baldíos, es nuestra misión.

Por ello, cuanto más conozcamos lo nuestro, incluido este periodo que tanto cuesta rememorar, mejor podemos resistir a la despoblación que inunda las carreteras y los caminos de Cuenca.

Quisiera aprovechar esta invitación para expresar lo complicado que sigue siendo hablar del tiempo del maquis.

Hace unos meses lo declaré en Motilla, donde la Federación de Izquierda Unida, de esa localidad, nos invitó a presentar el proyecto que La Gavilla Verde viene desarrollando sobre la memoria histórica. Era la primera vez que se nos invitaba a hablar en la provincia de Cuenca.

Ésta es la segunda vez que nuestra asociación toma la palabra en nuestra provincia, fuera de Santa Cruz de Moya.

Hemos sido invitados repetidamente a Francia, Extremadura, Ávila, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Huesca, Cantavieja, ya ni recuerdo los lugares a los que hemos estado.

Nos han invitado a hablar en Las Cortes Españolas y hemos formado parte de la Delegación oficial que el MAE envió a las celebraciones del 60 aniversario de la Liberación de París, pero nunca antes, habíamos tomado la palabra en la capital de la provincia en un acto público.

Deberemos corregir esta situación. Algo estaremos haciendo mal, ya que nosotros no consideramos que la memoria de la guerrilla sea exclusivamente un tema de Santa Cruz de Moya.

Es un patrimonio de todos y al que todos deben tener acceso.

Cada uno llegue a las conclusiones que desee, pero que pueda conocer lo sucedido.

Si no entendemos el proceso que desemboca en la presencia de la guerrilla en Cuenca, mal vamos a conocer nuestra provincia, pues sus consecuencias son palpables en las lágrimas de los presentes, en el nudo que nos atenaza cada vez que se habla públicamente.

Decía Salvador en uno de los escritos que podéis leer en nuestra web:

"He visto muchos programas culturales donde año tras año se gasta un montón de euros en música, y se amenizan con alguna exposición de ganchillo, con juegos y bailes tradicionales, y, claro, partidos de fútbol entre solteros y solteras. Ya me dirán; pero la historia de sus abuelos o de sus tíos, la noble historia de sus padres que no cejaron de clamar por la democracia cuando nombrar esa palabra costaba la muerte y hasta ser enterrado indignamente, quién se la cuenta. Me temo que aquí la izquierda municipal anda en pañales, pues de la derecha nada podemos esperar. Y es compresible. La labor de la derecha no fue otra que la de enterrar y manipular la historia. Por ello, y con ese sentir retorné a Valencia acompañado de Matías, Teo y familia, siempre que puedan, las Jornadas de Santa Cruz de Moya son y serán una ventana abierta a la verdad."

Eso dijo Salvador en octubre del 2003.

Una ventana abierta a la verdad, no quiere decir que andemos tras ella. Esa, es mucha responsabilidad para un grupo de enamorados de su tierra y de la memoria de nuestros abuelos.

No hay más verdad que la historia de unos hombres venidos de Francia a la que se unieron por la fidelidad que mantuvieron a la II República, campesinos y campesinas, mineros, pastores, labriegos, jornaleros, maestros, de Cuenca y de toda España. En otros casos, la verdad es la de los huidos de una segura muerte por haber sido alcaldes, maestros, presidentes de cooperativas, sindicalistas, etc., durante el periodo republicano.

Muchas de estas personas, señaladas como rojos, no tenían grandes convicciones políticas. Eran como la mayoría de nosotros, simpatizantes de la libertad, de los cambios sociales tan necesarios en un país tan atrasado antes y después de la guerra.

La república había representado un hilito de esperanza para la mayoría de la población campesina española y, por eso, ayudaron a los guerrilleros, pues estos representaban el retorno de las políticas reformistas que pretendió el gobierno descabezado.

Pedro Alcorisa, Matías en la guerrilla, con 19 años, supo nada más verlos, que aquellos que acampaban cerca de Higueruelas, una aldea en la que nada más se ha podido acceder en coche desde hace unos años, cuando la aldea ya estaba vacía; supo enseguida que los hombres que dirigió Florián García, Grande, eran los suyos.

Marchó cuando fue delatado y como represalia su padre apareció ahorcado en el cuartel de Arrancapinos.

Eulalio Barroso, Carrete, que nació en Extremadura y luchó en Gredos y Toledo, al salir de la cárcel de Valencia, se casó con una mujer de Santa Cruz de Moya. No supimos que el padre de nuestra amiga de toda la vida, Fina Barroso, había sido guerrillero hasta la edición de las segundas jornadas. De hecho, su familia política lo ignoraba y nosotros nos enteramos en Extremadura, cuando nuestros amigos del Valle del Jerte nos dijeron, hay un guerrillero extremeño que vive en vuestro pueblo.

Son tantos para recordar, tantas biografías de gente buena que no comulgaba con el régimen y que por ser nobles y fieles a sus manera de ver el mundo les destrozaron la vida.

Colaboraron con la guerrilla que se transformó en su última esperanza, ante la falta de síntomas de reconciliación del nuevo régimen.

Adolfo Pastor, al igual que la familia Montero, de los Martínez, de los García, los Barroso, hubieron que huir de sus pueblos. Los que lo hicieron al monte, aún pudieron sobrevivir, si el azar no les preparaba una celada, una delación o un mal encuentro con las fuerzas del orden, con el somatén o con la desgracia. Dos hermanos de Remedios y su Padre, cayeron en combate. Uno de ellos en las calles de Cuenca, cuando iban a entrevistarse con un mando del ejército para pedirles que se unieran a la lucha antifranquista.

Adolfo Pastor, creyó que alejándose de Santa Cruz de Moya podría rehacer su vida, pero los guardias que fueron a apresarlo dijeron, venimos a matar al Pastor. Y este fue hallado ahorcado en la celda donde lo confinaron.

Si la guerrilla fue en sus inicios, un venir de guerrilleros desde Francia, luego serán gentes de nuestros pueblos los que nutran el grueso guerrillero.

Lo harán, los que son empujados por sus convicciones republicanas, los que prestan ayuda, información y son descubiertos.

Aunque no quieran contarlo, por unos años, fuimos el centro de la historia, pero no quieren recordarlo. Es comprensible, no fueron momentos de gloria, fueron los tiempos más tristes que vivió Cuenca.

Se persiguió, demasiadas veces con saña, a miles, para acabar con cientos.

No tan solo hubo desmanes en el lado gubernamental, también los hubo en el lado de los antifranquistas, como, durante la guerra, los hubo a un lado y otro del frente. Es la lógica de la guerra.

Pero son incomparables. La guerra no finaliza en aquella fecha dictada desde Burgos para los que perdieron, continua. No se llega, como en anteriores guerras civiles sucedidas en nuestro país, a un abrazo de Vergara.

Al contrario, la obsesión de Franco era la de una España domada, siendo España una nación de indomables. Por eso empleó toda la potencia represiva que la centralidad de su poder le aseguró.

Hombres y mujeres que se echaron al monte abandonándolo todo, como nos decía Esperanza, salieron corriendo de La Atalaya, bien cerca de aquí, sin poder coger nada de casa, hasta las orzas de las matanzas.

¿Cuántas veces recordaría Esperanza aquellas orzas llenas, ante el vacío del hambre en el monte?.

Al otro lado, los que rápidamente se sumaron a la victoria y la guardia civil. En el lado de la represión, tampoco las cosas fueron fáciles.

Las recompensas, la férrea disciplina que hubieron de soportar los guardias, la dureza de sus servicios, las difíciles condiciones que vivieron, podrían dar cuenta de lo cruel del comportamiento de muchos de sus miembros contra los que combatían o sospechaban que podrían ayudar a sus enemigos.

Pero hubo guardias como el brigada Cienfuegos, que visitaba a los padres de Rufino, de Ángel y de Eusebio, para advertirles del peligro que les acechaba.

En medio, la mayoría, casi todos ellos sospechosos, porque sospechosos eran todos los que respiraban.

Estamos hablando de la dictadura.

Así vivieron en la Sierra y en la Serranía. En la Alta, en la Baja y en la Media.

Nosotros hemos hecho un esfuerzo palpable llamando a las cosas por su nombre y enfrentándonos a la cruda realidad.

No hay muchos pueblos que hayan seguido nuestro ejemplo.

Cuando anunciamos nuestro proyecto, se armó un revuelo enorme, no tan solo en Santa Cruz de Moya, en los pueblos de alrededor.

Desde el inicio hemos mantenido un difícil equilibrio con el entorno. Nos han llamado cualquier cosa que ustedes puedan imaginar en sus peores momentos.

Las personas más conservadoras de nuestra localidad, algunas excesivamente conservadoras, para que vamos a engañarnos, acogieron con escándalo la feliz idea.

No solo habían de soportar el monumento elevado en 1991, ahora los muchachos, los "cologistas" que nos llaman, iban a traer a la guerrilla de nuevo a Santa Cruz de Moya.

No es fácil curar una herida infectada, nosotros estamos convencidos de haberlo hecho.

Ahora se han dado cuenta de la relevancia que nuestro pueblo ha tomado a partir de algo tan sencillo, como explicar al mundo las historias que nos contaban los mayores ante el fuego.

La memoria no contamina, al contrario, limpia. Limpia eso que no sabemos donde está, pero todos reconocemos en nuestro interior.

Limpia el alma.

No cabe explicar aquí, el entusiasmo con el que la izquierda local, especialmente los que pasaron por los calabozos, se sumó a nuestra propuesta.

Hay que decir, que a la primera no supieron encajarlo. No lo veían nada claro. Y también hubo que esforzarse para que nos relataran sus experiencias, a pesar de las lágrimas.

Ya vamos para las sextas las jornadas.

Ya es un encuentro internacional. Vienen profesores de Francia, de Inglaterra, amén de todas las Españas.

Esta locura impensable hace unos años ha traído alumnos desde Estados Unidos, Alemania y de Bélgica.

¿Para qué nos vamos a callar?.

Estamos convencidos de haber hecho un trabajo socialmente saludable, hemos brindado a los que sufrieron un espacio para que pudieran, a pesar de los años transcurridos, ver reconocida su valentía.

Es un encuentro único, original, fabricado en Cuenca, en la Cuenca que aquí vive y la que vive en Madrid, en Barcelona, en Valencia,... los que lejos de su tierra, la quieren y la añoran no saben ustedes con que fuerza.

Nuestra misión concluirá cuando estas voces ya no puedan acercarnos al periodo del que hablamos. Cuando ya no podamos lucir en nuestro título Memoria Histórica Viva.

Nosotros, solo pretendemos crear espacios de encuentro donde los principales protagonistas sean los que vivieron esos días de tanto frío y tanta hambre.

Los demás, permanezcamos atentos, aprendamos de esas voces.

Independientemente de la posición que en ese escenario ocuparon, pues cuando se apaguen esas voces, nosotros seremos los encargados de explicar que pasó en nuestra Sierra.

Muchas gracias, quiero transmitiros que en La Gavilla Verde estamos convencidos que otro mundo es posible, un mundo más humano, que respete la naturaleza, que no olvide sus errores y que profundice en sus aciertos.

La nuestra es una llamada a la solidaridad con los débiles y pondremos todo nuestro tesón y nuestro trabajo para que las Sierras de España sean un espacio para la vida y desterrar el silencio que ahora ahoga a nuestros pueblos.

Sierra y Libertad.

Pedro Peinado

Presidente de La Gavilla Verde