LEY 52/2007 [LEY DE LA MEMORIA] 

De leyes y de memoria, de desmemoriados y de radicales.

Asusta lo que algunos políticos y medios anclados en la derecha afirman ante la entrada en el Congreso de los Diputados de la Ley de la Memoria.

Estamos acostumbrándonos a dar por ciertos, argumentos que no nacen de las tres erres: la reflexión, la razón y la reparación. Parecen nacidos al calor del alzamiento nacional. Hay un numeroso grupo de españoles que todavía conciben España como algo tan pasional que es solo de ellos y los que discrepan en las formas, por ejemplo, los símbolos, o en el fondo, por ejemplo, la estructura territorial, se convierten en enemigos.

Habría que alertar a los demócratas de la derecha, que los hay, que tanto alardear de abrir heridas, que no se cerraron y enaltecer una transición que no compartieron, quieran mantener que esta democracia coronaria es fruto de la victoria de los rebeldes sobre el poder constituido legalmente. Y eso no es así.

La España actual nace del consenso entre lo que representó la UCD y las fuerzas democráticas del centro a la izquierda, incluido el PCE. Muy pocos, en aquel momento, abogamos por la ruptura, y así nos va.

La II República pudo ser un régimen democrático inestable, contradictorio en su seno, pero el nacimiento de nuestra actual democracia también fue un valle de lágrimas. El consenso permitió no inquietar a los fantasmas del pasado y derrotar los golpismos, los terrorismos y los territorialismos; a la II República no le permitieron crecer y ya que no pudieron abortarla, pues el apoyo popular fue masivo, si que la aniquilaron cuando empezaron a enrojecerse sus mejillas, a los cinco años y tres meses, aproximadamente.

Lejos de reflexionar entre todos que esa España pasó, que los poderes fácticos y las agrupaciones políticas herederas de los que participaron en el periodo, con alguna excepción, viven la vida de otra manera, se agitan constantemente fantasmas del mal causado por la etapa republicana, razonando que el franquismo fue una quinina necesaria para combatir las fiebres revolucionarias, con el único fin de mantener en tensión al electorado, sin permitir que la razón anide en las palabras, reconociendo en el otro, no a un rival, sino a un enemigo al que hay que batir. Es decir, desde 1939, la derecha españolista no se ha movido ni un centímetro.

Y es que ahora toca la reparación. No se trata de bombardear la transición, se trata de que esta se consolide o en todo caso profundizar en la democracia, dotarla de nuevos plasmas para cerrar las heridas del pasado. Se perdonaron a los que utilizaron todas las vías represivas posibles para acabar con la oposición al franquismo, se permitió que los políticos que habían participado en la creación, evolución y mantenimiento de la dictadura, pudieran formar partidos y participar abiertamente en las diferentes convocatorias electorales.

Se promovió desde la izquierda la aceptación de la monarquía constitucional y de la bicolor como enseña nacional y, además, todos los que estuvieron al lado del general obtuvieron homenajes, medallas, pagas y demás honores que ahora quieren negárseles a los que se comprometieron en luchar por la recuperación de las libertades.

Sorprende, además, que siendo tan altas sus convicciones religiosas no se las apliquen y sepan perdonar a los que consideran sus enemigos y que satanicen los tiempos que fueron un rayo de esperanza para millones de españoles a los que se les mantenía en la miseria. Siguen pensando que España es su hacienda y nosotros somos un accidente social, un mal que pueden extirpar.

Preparémonos y prepárense, con sus palabras patrióticas, solo pretenden anidar el huevo de la serpiente. Lo decía la canción:
Cuando canta el gallo negro, es que se acaba el día.

Pedro Peinado
La Gavilla Verde
¡Sierra y Libertad!

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