JOAQUÍN BOJ Y LA MUERTE DE PEREGRÍN PÉREZ, «RICARDO» 

(Actualizado en 2008 a partir de nuevos datos)


Joaquín Boj

Peregrín Pérez «Ricardo»

Eran los primeros días de Julio de 1948.

«Grande» y «Pedro», designaron a «Serrano», «Mateo» y «Joaquín» para acompañar a Peregrín Pérez «Ricardo», en su visita al sector 17º y 23º.

Estuvieron en el 17º y después se marcharon hacia el 23º. Este campamento estaba en el término de La Cerollera, muy cerca de Aguaviva y La Ginebrosa, entre estos tres pueblos. Al llegar se encontraron que había sido asaltado, no había nadie y no encontraron nada de comida.

Llevaban tres días sin comer, «Joaquín» conocía el terreno y los llevó al paraje denominado “La Cazma”, en el término de La Ginebrosa. Se decidieron a comprar dos corderos a un pastor que Joaquín conocía, «El Esmorrellat» que al ser de La Ginebrosa sabía que no los iba a delatar. (Esto ocurre por la mañana, la noche anterior un campesino, «Samperino», vio de lejos a tres hombres que cruzaban la carretera y se metían en el monte en dirección a “La Cazma” y al llegar al pueblo se lo comunicó a la Guardia Civil).


Corral donde compraron los corderos.


Lugar de vigilancia del corral por parte de los guerrilleros (en lo alto y entre pinos)


Vista de La Ginebrosa desde el corral

Una vez con los corderos, estos se alejaron 1 Km. monte arriba en la misma zona. En el centro del pinar, «Joaquín», que conocía el oficio de carnicero ya que en su casa habían tenido carnicería, se quitó el chaquetón de pana que le había hecho su madre, se quedó en mangas de camisa, dejó sobre una piedra el chaquetón y la ametralladora y empezó a despellejar y a descuartizar los corderos que habían colgado de un árbol, para preparar la comida.

La Guardia Civil, al tener el aviso de la noche anterior, a media mañana se dio una vuelta por donde les habían dicho que habían entrado y una vez arriba del monte sorprendieron a tres guerrilleros que estaban abajo, en un claro del pinar. El cuarto, que era «Ricardo», estaba arriba de vigilante en el otro lado por donde subió la G.C. y no los vio. La G.C. al verlos correr efectuó un par de disparos, que alertan al centinela «Ricardo», que también efectuó dos disparos. Al disparar se descubre la posición donde estaba un G.C. que al subir se había abierto más. Se encontró a unos 30 o 50 metros de él y fue éste el que disparó a «Ricardo».

Éste, herido, corre en la misma dirección de «Mateo», luego rectifica y baja por el barranco hacia el molino y unas masadas de La Ginebrosa (bajaba a trompicones según me comentaron dos labradores que estaban al otro lado del río).

Cuando llega a la carretera general, Ginebrosa-Aguaviva, a unos 500 metros del molino y a 1 Km. del puente, la cruza y se esconde en la acequia que pasa próxima. Allí se curó con el agua y se agachó escondiéndose, para que la G.C. no lo encontrara.


Acequia donde «Ricardo» se hizo la primera cura

Una vez visto que ya no había peligro, salió y se dirigió malherido a los Llanos (Una explanada de bancales planos de 3 a 5 Km. en el límite de Aguaviva-La Ginebrosa), dirección al campamento 17. Caminó durante 3 Km., donde le fallaron las fuerzas, por lo que se arrimó a una olivera, la más cercana al pinar. Allí con el fusil en las manos en posición de disparo, sentado en el suelo y apoyado en un olivo, murió desangrado.


Olivo donde murió «Ricardo»

«Joaquín», «Serrano» y «Mateo», llegaron al punto de reunión, La Tarayola (término de La Ginebrosa), pero no así Peregrín «Ricardo».

Lo estuvieron buscando durante cinco días sin lograr encontrarlo. Ernesto, cuñado de «Joaquín», los hermanos Bermud y el «Bayarri», los cuales estaban labrando los campos que tenían cerca de La Tarayola, les llevaron comida durante los días que duró la búsqueda.

El pastor que les vendió los corderos, «El Esmorrellat» nunca los delató. Era joven y dormía con el ganado. También estaba como pastor por la zona José, que vio y vivió lo ocurrido:

"Cuando aquel hombre (Peregrín) me pagó los corderos, sacó del bolso un fajo de billetes, era mucho dinero. Me llamó mucho la atención y esto me hizo dar muchas, muchas vueltas. Le dijo «El Esmorrellat» el pastor que les vendió los corderos".

Allí murió -nos comentó José-. El pastor vio la trayectoria porque le dijo: “En aquella olivera se muere un Maqui con mucho dinero”. Se acercaron a verlo, escondidos pero ya estaba muerto. Fue visto por varios pastores pero ninguno dio parte.

El parte a la G.C. de que había un Maqui muerto en los Llanos lo efectúa José, el joven pastor.

Lo recogieron cuando hacía 14 días que había muerto. Fue José quien acompañó a tres guardias civiles y al practicante del pueblo, Don Camilo, para certificar la muerte y por si había alguna bomba trampa.

El practicante era de izquierdas por lo que recibió malos tratos y cárcel tiempo después, y el cual comentó con José, que el muerto llevaba un fajo de billetes encima.

En el parte que G.C. efectúa a su central, nunca se menciona el dinero ni los papeles como jefe de la A.G.L.A.

Se le enterró en el cementerio de La Ginebrosa, entrando por la puerta principal a la derecha, al fondo, sin ninguna señal.

Preguntamos a José y nos comentó que él no creía que «El Esmorrellat» se hubiera atrevido a tocar a Peregrín y menos coger el dinero. Este pastor, al año y medio, marchó para Barcelona, nunca mas volvió al pueblo. La última vez que se le vio fue en Cornellà (San Ildefonso) con unos Jubilados.

«Joaquín» nunca pudo disparar (como algunos comentan) sobre Peregrín, no llevaba su arma. La chaqueta y la metralleta de «Joaquín» fueron compañeras de viaje de mi padre desde el Mas de las Matas hasta la cárcel de Teruel y de ahí a Zaragoza, viaje que duró cinco días (por lo que fue detenido y pasó dos años en la cárcel).

Datos obtenidos por la conversación con mi padre, Ernesto Ibáñez, (cuñado de Joaquín Boj Bayod «Joaquín») con José Bosque (el joven pastor que lo vivió todo), con los labradores del otro lado del río de Aguaviva y «El Esmorrellat».

Álvaro Ibáñez Boj

Nota adicional de la Gavilla Verde.

El fin de semana del 15-17 de Agosto, un grupo de “La Gavilla Verde” fuimos al Maestrazgo Turolense, para asistir al acto de homenaje a los desaparecidos de la cárcel de Alcañiz y posteriormente asesinados en el Mas de la Serra el 11 de Noviembre de 1947.

Monroyo, Aguaviva, La Ginebrosa …. entre otras, fueron las localidades en las que tuvimos la oportunidad de entrevistar a protagonistas que vivieron durante la posguerra, hechos relacionados con el fenómeno de la «Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón» (A.G.L.A.).

Precisamente José Bosque, el joven pastor que Álvaro Ibáñez menciona en el relato anterior, tuvo la gentileza de acompañarnos buena parte de la mañana y enseñarnos, primero el corral en el monte donde compraron los corderos a su amigo «El Esmorrellat», luego el lugar donde «Ricardo» se hizo la primera cura con agua.


José Bosque (Izq) junto a Ernesto Ibáñez

Con el coche nos movimos otra vez hasta la zona del olivar. Nos enseñó el olivo exacto donde «Ricardo» se apoyó cuando le fallaron las fuerzas y murió desangrado. Justo debajo del olivo hay un desnivel. Por ahí es por donde pasó junto al «El Esmorrellat» montados en un mulo y vieron el cuerpo. José nos comentó que «El Esmorrellat» seguramente había pasado varias veces por allí anteriormente, pero no se atrevió a dar parte a la G.C., por lo que -piensa él- le llevó ese día con él para que José se fijara y lo descubriera, como así fue.

José vivía junto a su familia, en una masada en el monte, llamada "de la tía Rafelina", justo debajo del monasterio abandonado de los “Carmelitas Descalzos” o también llamado del “Desierto de Calanda”, y nos contó cuando llegamos a su antiguo hogar -ya en ruinas- que en la época del maquis, lo mismo venían por la noche, a las dos o las tres de la madrugada, tanto los guerrilleros como la Guardia Civil. Su casa fue un punto de apoyo obligado para la guerrilla que tenía su campamento en un cerro próximo, desde donde vigilaban la zona de posibles movimientos de la fuerza pública. Sus padres nunca fueron colaboradores voluntarios del maquis, aun cuando estos les pagaban -lo que costaba, sin compensaciones- por lo que se llevaban. Era mucho lo que se jugaban en el caso de ser descubiertos. Cuenta José, que aun cuando ya eran frecuentes las visitas de los maquis, su madre siempre se sobresaltaba al oír los golpes en la puerta de madrugada.


Ruinas de la masada de José y punto de apoyo de la guerrilla.
Al fondo el monasterio


Ruinas de la masada de José.
Al fondo el cerro donde tenia el campamento la guerrilla

Gracias José por tu compañía y testimonios.

Juanbe
Sierra y Libertad
La Gavilla Verde