ARTÍCULO EN "HERALDO DE ARAGÓN" - RECORRIDO POR LOS SENDEROS DEL MAQUIS [2002] 

Recorrido por los senderos del maquis.

Los frondosos montes de la sierra de Albarracín ocultan los senderos recorridos por el maquis durante la década de los cuarenta del siglo XX.

Texto y fotos: Luis Rajadel / Antonio García.

Parece una plaza de toros, rodeada de grandes peñascos y espesos pinares. "Es un lugar que se presta a una buena defensa, donde es posible resistir y retirarse con seguridad”. Así describe Florián García, un exmaqui de la Agrupación Gerrillera de Levante y Aragón (AGLA), el enclave del corazón de la sierra de Albarracín donde los guerrilleros mantuvieron activo durante dos años un centro de formación militar.

El campamento de la partida de Los Navarejos, en el término municipal de Albarracín pero muy próxima al núcleo urbano de Tormón, se constituyó en el punto neurálgico de la actividad de la AGLA entre 1945 y 1947. Actualmente, es un lugar de exuberante belleza natural fácilmente accesible. Las pistas forestales para la extracción de madera y la silvicultura bordean un paraje que en los años cuarenta era casi inaccesible. A dos kilómetros de Tormón, en dirección a Albarracín, una pista de tierra parte de la carretera para adentrarse en el bosque. Tras dos kilómetros de camino practicable para los turismos y otro kilómetro a pie, se llega sin gran esfuerzo físico al antiguo reducto maqui. Por todos lados, grandes montículos de piedra de rodeno se levantan por encima de densos pinares de intenso color verde.

El antiguo campamento se ha llenado de maleza y el círculo rodeado de peñascos se ha alfombrado de pinos jóvenes nacidos gracias a las abundantes precipitaciones de la sierra. La zona se caracteriza por la presencia de grandes bloques desgajados de rodeno entre los que crece una frondosa vegetación. Las hendiduras entre las masas pétreas tuvieron en su momento un papel fundamental como vías de escape en caso de ataque.

En 1948, la Guardia Civil y el Ejército asaltaron y desmantelaron definitivamente el reducto maqui tras un aparatoso despliegue de tropas. Frente a los quince guerrilleros que ocupaban el campamento, las fuerzas gubernamentales disponían de tres mil efectivos. Las fisuras en el roquedo permitieron escapar a casi todo el contingente guerrillero. Sólo un maqui pereció a manos del ejército.

La frondosa vegetación, la lluvia y el paso del tiempo han borrado todo vestigio de la presencia maqui. Sólo se aprecia entre las peñas una rudimentaria escalera construida por los guerrilleros con fragmentos de rodeno. En el abrigo usado como cocina y lugar de convivencia, todavía se pueden observar las señales del humo que tiznó la pared rocosa.

Los ecos bélicos se han apagado por completo y Los Navarejos es un bucólico paisaje de densos pinares y bloques de piedra. El lugar fue muy frecuentado durante décadas para la extracción resinera, que ha sembrado el suelo de restos de las cazoletas cerámicas en las que se vertía la sabia de los pinos. Las montañas y los barrancos se suceden en el entorno siempre cubiertos de una espesa masa boscosa, en la que predominan los pinos. A estas alturas de invierno, el pinar aparece salpicado de motas marrones porque algunos robles dispersos empiezan a desprenderse de sus hojas.

La asociación “La Gavilla Verde”, de Santa Cruz de Moya (Cuenca), ha puesto en marcha una serie de recorridos senderistas denominada “Senderos de la memoria” dentro de un proyecto que pretende rentabilizar turísticamente la historia del maquis, que tuvo en la zona comprendida entre las provincias de Cuenca, Valencia y Teruel a uno de sus focos más activos.

Teodoro Baeza, de La Gavilla Verde, explica que el objetivo de “Senderos de la Memoria” es unir mediante recorridos a pie los puntos en los se produjeron los hechos más señalados del maquis. “Nos gustaría marcar un sendero que uniera los antiguos campamentos de Cerro Moreno, en Santa Cruz de Moya, y de Tormón -señala-. Tendría mucho atractivo natural porque las zonas de mayor presencia de la AGLA coinciden con lugares de gran belleza”. Teodoro resalta que el campamento de Tormón puede constituir un atractivo turístico para muchas personas interesadas en la historia y amantes de la naturaleza. A su juicio, ambos elementos pueden contribuir a dinamizar la economía y la cultura de zonas deprimidas, como la sierra de Albarracín. En la segunda mitad de los años cuarenta, el campamento de Tormón fue el principal asentamiento estable de la AGLA. Además de un centro de formación militar, sirvió de escuela de cultura general para muchos guerrilleros que eran analfabetos o semianalfabetos.

Florián García recuerda que la vida era muy dura allí. “Dormía con la ropa puesta y la metralleta colgada del cuello y, gracias a ello, estoy todavía vivo”, resalta. A su juicio, “era más difícil de llevar la vida del maquis que los enfrentamientos con la Guardia Civil”. Los guerrilleros preferían no usar las cuevas como alojamiento porque en caso de un ataque se convertían en una ratonera. Dormían en tiendas de campaña sobre pellejos de oveja, que servían de aislante de la humedad. Entre los peñascos que ahora están cubiertos de líquenes multicolores, musgo y vegetación, “hubo gente que aprendió a leer y escribir” relata el ex guerrillero.

La actividad militar y formativa fue muy intensa. Todo empezó porque un maqui natural de Tormón informó a la dirección de la AGLA de las posibilidades militares del lugar. Florian, como jefe del sector afectado, fue el encargado de comprobar la idoneidad del emplazamiento. “Lo vi y puede confirmar que era un sitio adecuado y que reunía muy buenas condiciones”, añade.

Cincuenta y cinco años después, los equipos militares han dejado lugar a las mochilas de los excursionistas. Teodoro Baeza advierte, no obstante, que para que esta ‘reconversión’ sea eficaz debe contar con la implicación de la población local.

 

 

 

 

 

Viernes 27 de

diciembre de

2002

 

Heraldo de

Aragón

 

 

Tormón.
El elemento más característico del caso urbano de Tormón, una pequeña localidad de la sierra de Albarracín cercana al límite con la provincia de Cuenca, es el gran peñasco que domina el caserío. Encima de esta peña que da nombre al pueblo se levantaba en la Edad Media un castillo enriscado. De la fortificación, sólo quedan fragmentos de la torre del homenaje. En el patrimonio cultural de la localidad, destacan también los importantes abrigos de pinturas de arte rupestre levantino del Prado de Tormón, con imágenes de caza únicas.

Santa Cruz de Moya.
Esta localidad de Cuenca limítrofe con las provincias de Teruel y Valencia (Rincón de Ademuz) se ha convertido desde hace tres años en uno de los principales foros de estudio de la guerrilla antifranquista de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. El principal tema de análisis es la historia de la AGLA, una de las organizaciones guerrilleras más activas y que tuvo una sólida implantación en la zona de confluencia de las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha, Valencia y Aragón.

Senderos.
La asociación “La Gavilla Verde”, de Santa Cruz de Moya (Cuenca) ha habilitado tres senderos turísticos que tienen como principales puntos de referencia lugares destacados en la historia de la Agrupación Gerrillera de Levante y Aragón. El objetivo final es conectar esta red con otros enclaves relevantes en el devenir de la guerrilla antifranquista, como el cercano campamento-escuela de Tormón. Los recorridos discurren por parajes de singular interés natural y parten de la idea de recuperar la memoria histórica como recurso para el desarrollo local.

El rodeno.
El paisaje en el que se movía el AGLA está marcado por la presencia de los peñascos rojizos del rodeno, un tipo de roca al que se asocian también frondosos pinares utilizados durante siglos para la producción maderera y la extracción de resina. La erosión ha esculpido las peñas hasta conferirles formas pintorescas y caprichosas. El antiguo campamento-escuela de Tormón, formado por una sucesión de grandes bloques surcados por profundos pasillos, semeja una pequeña “Ciudad Encantada”.