CARTAS AL DIRECTOR | EN RECUERDO DE FLORIÁN GARCÍA, EL “GRANDE” 

El pasado 17 de abril nos dejó el guerrillero Florián García Velasco, “Grande”. Entre 1946 y 1952 peleó contra la dictadura de Franco por los montes de Teruel, Cuenca y Valencia. Florián era un mítico jefe de guerrilleros, el único jefe que tuvo el 11º Sector de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, el más activo y organizado de los cuatro sectores que la componían. Florián era segoviano, de Aldealcorbo.

Trabajó de camarero en Madrid y durante la guerra civil sirvió como Capitán de Carabineros en el ejército republicano.

Subió al monte desde Valencia con “Pepito el Gafas” a principios de 1946. Participó en la fundación de la Agrupación Guerrillera de Levante en la cueva del Regajo de Camarena en agosto de ese año. Dirigió la acción más espectacular de la historia del movimiento guerrillero antifranquista: el asalto al tren pagador en Caudé, donde obtuvieron un botín de 750.000 pesetas, una fortuna para la época. Entró en muchos pueblos de la provincia para repartir propaganda y dar mítines en favor de la República y contra la dictadura. En el asalto al polvorín de las minas de azufre de Libros-Riodeva, los guerrilleros consiguieron varias cajas de dinamita. Era el jefe del campamento escuela del Rodeno en Valdecuenca cuando fue asaltado por la Guardia Civil siguiendo las órdenes del general Manuel Pizarro Cenjor. En esa escuela guerrillera, situada en el privilegiado entorno del Rodeno de la Sierra de Albarracín, “Pepito el Gafas” impartía clases de formación militar y teórica y se editaba la revista El Guerrillero. Varias promociones de guerrilleros pasaron por ella y muchos aprendieron allí a leer y escribir. La mayoría de los Guerrilleros de Levante procedían de la provincia de Teruel: 171 de los 689 guerrilleros de la lista del historiador Salvador F. Cava, la cuarta parte del total, eran nacidos en nuestra provincia. Sus oficios: sobre todo, labradores, jornaleros y mineros.

Durante aquellos amargos años, la dictadura, aislada internacionalmente, repudiada en silencio por buena parte de la población y atacada por la guerrilla, no estaba ni mucho menos consolidada, y eso que la guerra civil había terminado casi una década antes. “Grande” se convirtió en un mito y en una pesadilla para las fuerzas represoras del régimen. Poseía carisma y un gran sentido del humor. Era querido y respetado por los demás guerrilleros y muchas veces terminaba sus discursos políticos ante sus camaradas, o ante los campesinos de los pueblos donde se presentaban, cantando algún fandango o contando chistes. Se dice que en Cascante, el 14 de abril del 48, día de la República, invitaron a todo el mundo a café, copa y puro, pagando los guerrilleros. “Chaval” (guerrillero del grupo de “los Maños” fallecido en el día de ayer) decía que allí “Grande” dio el discurso de su vida. Ese mismo guerrillero solía comentar que de no ser por “Grande”, todos se hubieran ido del monte dos o tres años antes.

Salió con vida de muchos asaltos a campamentos, que se saldaban con las mínimas pérdidas propias. Él me contó que el secreto consistía en seguir unas normas elementales y cumplirlas siempre disciplinadamente: no refugiarse en cuevas, dormir junto a las armas, no dormir nunca en casas o pajares, caminar siempre de noche, no cruzar nunca un río sin haberlo vigilado 24 horas antes… Aunque una vez me dijo que, a veces, cuando iba acompañado de “Cojonudo”, le decía: ¿Qué, morimos en caliente? Y se lanzaban corriendo por los puentes.

La fortuna acompañó siempre a “Grande”, como cuando en compañía de “Matías” se topó con un falangista y su escolta en Sinarcas: se dispararon todos a bocajarro y nadie salió herido. O cuando se escondieron todo un día en un aliagar para no ser descubiertos por una batida de la Guardia Civil.

Un día le pregunté por León Quílez, “Pedro” (de Camarena, también del grupo de “los Maños”, que murió en 1947) y me dijo: “Ese era el más valiente de todos nosotros”. Otro guerrillero de Camarena, José Zuriaga, “Carlos el Gafas”, escribió de él en 1950: “La gente le quiere mucho; sabe conocer a los hombres y tratarlos. Aunque es cariñoso, es enérgico cuando hace falta. Es un camarada que da ejemplo con su conducta. En el 11 Sector las cosas marchan bien”.

En 1952 marchó con los 27 últimos supervivientes a pie desde Cofrentes a Francia, en una marcha de más de un mes, sin suministrarse en ningún punto de apoyo y sin tener un solo encuentro con la Guardia Civil. Franco solicitó su extradición, pero el Partido Comunista Francés consiguió que el gobierno no la concediera. Se exilió entonces en Checoslovaquia y allí se unió para siempre con una de las guerrilleras de Levante, Remedios Montero, “Celia”. Al morir el dictador, tuvieron que esperar aún tres años para poder volver, pues los guerrilleros antifranquistas fueron los últimos exiliados a los que se permitió regresar. Conocí a Florián y a Reme en Valencia, donde siguieron luchando, ahora de otra forma, contra la injusticia, desde el Partido Comunista, en Comisiones Obreras y en Izquierda Unida. También, trabajó intensamente hasta el final por el reconocimiento y la reivindicación de la memoria de los últimos combatientes de la República, los guerrilleros antifranquistas, los “maquis”. Ahora “Celia” se ha quedado sin Florián, pero es que el pequeño “Grande” ha vuelto, con su sombrero siempre ladeado, a las azules montañas del Sector 11.

Manuel Marco Aparicio.

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