JOSÉ MANUEL MONTORIO GONZALVO «CHAVAL» 

Tengo sobre mi mesa miles de sensaciones, tantas, que no puedo reunirlas en cuatro líneas. Sabemos que la muerte ha de llegar, pero confiábamos que el tiempo iba a darnos una tregua, que nos permitiría reponernos y prepararnos, pero nos lo impide este goteo incesante.

Llamaba Iñaki y le decía que creía que las lágrimas se habían agotado con la muerte de Eulalio Barroso. Su muerte fue inesperada, pues aún presentaba signos de salud que nos hacían confiar en que iba a poder acompañarnos algún año más. Meses antes se habían ido Manuel Pérez Cubero y Miguel Núñez. En marzo nos abandonaba Adelino Pérez.

Sabíamos que Florián y José Manuel, andaban en la última lucha con la vida. Florián nos dejó hace una semana y tu quisiste seguir al que fuera el corazón de la Agrupación, de tantos corazones que tuvo.

No ha parado de sonar el teléfono, de llegar mensajes, desde Francia, desde todos los rincones de España. Conchi me hablaba entre lágrimas y esta mañana me han llegado los escritos de Lo que somos y de Salvador Fernández Cava, pero me quedan cosas que decir, aunque me alargue, aunque entre párrafo y párrafo me ahoguen las lágrimas pues no se secaron, lo dice la canción, no me acostumbro a estar sin ti, sin vosotros, después de todo lo que anduvisteis, son más los años que andamos juntos.

Tu nombre aparecía en los libros. ¿Pero vive? Le preguntábamos a Florían. En la República Checa, nos decía. Al fin pudimos contactar contigo, fue Salvador el que lo logró y preparamos un viaje a Praga, pero no teníamos dinero, así que resolvimos que era mejor pagártelo a ti y que vinieras a conocernos a Santa Cruz de Moya. Así empezó la última etapa de tu vida.

Estábamos en el bar de Ángel y Julián en Santa Cruz, preocupados pues os demorabais. Conchi y Toni fueron a esperarte a Manises. Llegaste con tu maletilla marrón y de ella empezaron a brotar presentes para todos. Con nosotros estaban María Pastor y Pedro Alcorisa “Matías”. Os fundisteis en un abrazo tras cincuenta años de separación. Os habíais conocido nada más os incorporasteis a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón. Él vivió su exilio en la República Democrática Alemana y tú en la checoslovaca. Dos países que ya no existen y en los que os visteis obligados a vivir, pero vuestro corazón siempre estuvo en la Serranía. Días más tarde llegó Gonzalo Cuallado, Angelillo, que ha vivido en Francia, sin las apreturas que sucedían al otro lado del telón.

Convivimos esa semana con vosotros. Estabas preocupado por las conversaciones que habías tenido con algunas personas. Aún no sabías con certeza quién era aquel grupo llamado La Gavilla Verde que tanto se había molestado en traerte. Siempre fuiste un poco desconfiado y no te faltaba razón, pero, poco a poco, hiciste buenas migas con cada uno de nosotros, especialmente con Teo y con Conchi, con Salvador, con Flor, con Olga, con tantos que me olvido. Pudiste aprender que significaba gavilla y que el verde era de esperanza, de la defensa de una tierra a la que te apegaste en la lucha, en el último suspiro republicano hasta que te ordenaron evacuar el rescoldo de un país que le impidieron ser, que soñó recuperar la libertad desde las montañas del levante.

Tu venida era importante para nosotros. Vivías en el exilio sin merecerlo, con una excelente memoria y eso nos daba la posibilidad de ahondar en el conocimiento. Lo realmente trascendente fue tu manera de ser, la que nos sedujo y atrapó hasta ayer, 27 de abril. Me imagino tus días, tus noches insomnes en Praga, delimitando la Cordillera Ibérica con el tecleo de tu máquina, preguntándote la suerte y la desgracia que te tocó. Querido camarada, cuántas veces me reñiste, cuánta veces nos jaleaste, me entristeciste y alegraste, querido compañero, nada más llegar me regalaste el reloj que habías llevado en guerrillas, un reloj que no marca las horas, pero marca nuestro rumbo.

Hubieras querido que te encontráramos antes. Lo repetías. “No sabía todo esto, no sabía que la gente en España se acordara de nosotros”. Pero no lo hacía el estado, no lo hacía la democracia que tanto debe a los sencillos, lo hacían las pequeñas asociaciones en los pequeños pueblos. Un mundo nuevo se abrió y recorrimos los lugares del pasado. Las Casas del Marqués, Azuara, Javalambre, Torrijas, Los Cerezos, el Maestrazgo, los Montes Universales... Recuerdo cuando fuimos a la estación de Caudé y ante nuestro desconcierto nos afirmaste: “no es esta la estación de Caudé donde asaltamos el tren pagador” Ante tu tozudez le preguntamos a un señor que iba a coger sus lechugas en un huerto cercano, de tu misma edad. Y nos dijo que la estación vieja, aún más vieja, estaba a medio kilómetro. La atracaron unos salteadores. Y tú le dijiste. Yo fui uno de esos salteadores. Y el hombre, que no podía echar a correr hizo migas contigo y estuvisteis hablando un buen rato. Qué contaría al llegar a su casa.

Nos conocimos tras largas conversaciones desde Barcelona y desde Cuenca hasta Praga. Oigo, decías cuando descolgabas el teléfono. Siempre preocupado por los pasos que íbamos a dar. Oigo, pero lo que más te gustaba era tener inagotables tertulias bajo la niebla del tabaco y la humedad de los cafés con leche, hasta altas horas, tan altas, que nos preocupaba tu salud. Pero a la mañana siguiente te levantabas temprano y ya te habías echado uno o más cafés cuando de nuevo nos encontrábamos. Siempre me sentí un hermano pequeño, muy pequeño, bajo la sombra de un gran hombre que con su experiencia, a veces amable, a veces irritado, nos aconsejabas, nos dictabas y nos agasajabas cuando íbamos a verte.

Nos enviaste tus memorias. Cuántas cosas conocimos con tus recuerdos y olvidos, y las enviamos a todas las editoriales y ¡ay que ver cuanto memo se dedica en España a establecer que lo que se puede editar y lo que no! Solo una nos dijo que podía publicarla si se reducía el número de páginas. Antes las quemo. Así que Dimas, ahora, con las teclas de un ordenador, volvió a reescribir tu borrador, sin tocar una coma. Al final fue el gobierno de Aragón que tuvo a bien publicarlas en Amarga Memoria.

Rememoraremos los días pasados, lo que nos diste, lo que nos enseñaste, sin dejar de ser nunca Chaval. El exilio paró el reloj en el año 1952 y has sido guerrillero, en todos los sentidos, hasta el fin de tus días. En Praga te preguntabas, qué había pasado con la vida de aquella persona que eras tu mismo, que había salido en la niñez de Borja para ir a Barcelona. Y a veces, se sorprendían cuando nos oían hablar en catalán. Conservabas un acento mejor que el mío a pesar que saliste de allí en 1939. La casualidad había querido que vivieras en el barrio de Hostafranchs, a pocos metros de donde viví en buena parte, también me contabas que habíamos ido a la misma escuela treinta y cuarenta años más tarde. Recordabas con memoria fotográfica las calles de nuestro barrio y preguntabas por las fábricas, por los edificios, por la iglesia que viste arder bajo el furor revolucionario.

Flor llegó un día a Santa Cruz de Moya. Había encontrado a Carmen la del Molino del Peinado. La joven con la que soñaste en tu vida guerrillera. Os fuisteis hasta Catalunya y pudisteis abrazaros y conocer la triste historia de aquel punto de apoyo en el que se unía la Revolución y el Deseo, como Miguel bautizó sus memorias, junto con las tuyas, son las mejores que pueden leerse para comprender la terrible faz del franquismo.

Así que un día, estarías en Praga renegando de tu suerte mientras nosotros te buscábamos casa en Santa Cruz de Moya y llamaste a Conchi para que te preparara un camión de mudanzas. Venga, así, como el último impulso ¿quién te podía negar el derecho a una vida nueva, la que las guerras de España, de Francia y de los montes te negaran? Rompiste el exilio checo y te viniste a España definitivamente.

Asentiste a la llamada de la tierra y volviste a tu Aragón del que no habías olvidado sus jotas, a veces, parecías un aragonés imitando a un aragonés, que te voy a contar, si es que además de escribir, de ser orfebre, mecánico, sabías cantar y nos quedábamos todos preguntando como seguías siendo aragonés sin acento checoslovaco, cuando otros amigos que venían de Francia tenían ese deje que delataba su tierra de acogida.

Te estableciste en Borja. Juan Pablo y Dimas, han sido los miembros de tu última partida, la que conquistó de nuevo la tierra que te vio nacer, la tierra donde tú decidiste morir sin olvidar al grupo de Azuara, siempre a tu servicio, siempre prestos a acompañarte allí donde nacen las montañas.

El viernes 1 de mayo partirán coches desde el territorio maquis, seremos muchos los que no podremos soportar la emoción. Surcarán las lágrimas las mejillas. No será el último homenaje, no será un carpetazo, seguiremos adelante. Quién fuera río y arramblara con todas la injusticias.

Sierra y Libertad

Texto: Pedro Peinado Gil. Presidente de La Gavilla Verde.

Fotografía y Vídeo: Juanbe Moreno.

Recuerdos y olvidos de un guerrillero, por Teo Gallega.

Fotos homenaje en Borja.

Acabo de ver la noticia.... Jesús Alonso.

La Semilla - Olivier Herrera.

Ha muerto un guerrillero antifascista - Carlos J. Villarejo.

Muertos - Toni Losantos.

El guerrillero veraz - Salvador F. Cava.

«Chaval» en la Wikipedia.