* Santa Cruz de Moya | La Orchova: El Rento

Nada se sabe del origen de su nombre: el Diccionario Etimológico sólo indica "Ochovo" definición de moneda antigua. En algunos mapas antiguos consta: La Orchova.

Según memoria oral, Orchova era mucho más antigua que Las Rinconadas, y podría haber sido un lugar de encuentro entre personajes importantes de Moya y Alpuente, cuando este municipio tenía una singular relevancia política. (En 1336, el Conde de Catalunya y Rey de Aragón, Pedro III, otorgó muchos privilegios a Alpuente. Allí se celebraron Las Cortes de Valencia durante el 1319 y el 1390) La torre del Molino de Orchova, observada con atención, no tiene nada en común con ningún molino de estos parajes. Además, ¿para qué necesita un molino tamaña torre? Sorprende y rompe la armonía propia de las edificaciones del lugar. Parece más bien una torre de vigilancia..., un torreón...

También algunos historiadores opinan que, más tarde, fue un lugar de paso y de descanso para comerciantes que, con sus caballerías, se dirigían desde otras poblaciones hasta Arcos (salinas, telares...).

Cerca de Orchova está el Pino de la Legua. Según memoria oral, un antiguo Marqués de Moya decidió ampliar el término en esa medida. El límite de esta ampliación lo marca el conocido “Pino de la Legua”.

Orchova sólo se ha encontrado en Archivos del año 1845 donde consta como del Partido Judicial de Cañete, término de Sta. Cruz de Moya. También, en aquellos tiempos y, según los mismos Archivos, Orchova estaba habitada por 13 vecinos (familias) y 56 almas.

En 1873, durante la Guerra Carlista, pasaron por allí soldados. No se sabe con precisión si fue lugar de batallas, pero lo cierto es que sí las hubo muy cerca de aquí y que bajo los campos de labranza, frecuentemente se encontraban muchos esqueletos humanos. Sí se sabe que los soldados Carlistas llamaban a las puertas de los Rentos para pedir comida y que las madres se apresuraban a esconder a sus hijas.... pero parece ser que nunca les pasó nada, excepto requisarles la comida.

Delante de la Casa Grande y enfrente de una noguera, había una Capilla de la que todavía quedan restos. Hasta no hace muchos años, Sta. Cruz pertenecía a la Diócesis de Segorbe, pero parece ser que Orchova nunca perteneció a dicha Diócesis. Cada siete años, la Virgen de Tejeda era trasladada a Moya. Los orchovanos sabían que, si hubiese surgido algún problema y no se hubiese podido llegar a Moya, la Virgen tenía que ir al Espíritu Santo o a Orchova.

Probablemente en las riscas, encima del río Arcos, había una Torre de vigilancia de Moya... y también se nombra el Castillo de la Peña Parda en los Tabardos, que dicen fue cobijo de lo moros... El conjunto de Orchova estaba formado por: el Molino (3 familias), las Casas Quemás (3 familias), las Casas Nuevas (4 familias), la Casa del Amo (1 familia más los guardas y las suyas) las Casas de Cañete (4 familias, que parece que tenían mejores tierras y vivían algo mejor) y la Casa Grande (2 familias).

De los primeros "Amos" que se tienen noticias y que todavía no tenían Casa-Vivienda en Orchova, se recuerdan los Cubeles y después los Moraledas. Con posterioridad, vinieron los hermanos Roselló, llamados “los Mallorquines” porque eran de Mallorca. Esta familia aportó algunos cambios y mejoras en la cultura de los Orchovanos, como enseñarles a hacer la sobrasada de Mallorca, los flanes de huevo al horno, el turrón, algunas conservas, etc. También trajeron de Francia algunos frutales como pumares, cerezos, perales, melocotoneros, etc. y plantas de jardín como los muy apreciados rosales de las cien hojas.

Por orden cronológico eran: D. Pedro, D. Jaime y D. Melchor. (D. Jaime no era hermano, sino cuñado, pero, para los renteros, era “un Roselló” más.) Era una familia aposentada, dedicada a los negocios, y que, por aquella época, compraba bosques para su explotación. D. Pedro, además, poseía el Castillo de Requesens, en La Jonquera (Ampurdà. Gerona). Al tratarse de una finca fronteriza, durante la Guerra Europea, 1914)la aprovecharon para, desde allí comprar y vender mulos que, en aquel tiempo, eran necesarios para el transporte de baterías. D. Jaime viajó mucho, probablemente por Cuba y otras Colonias, hecho que posiblemente influyó en el diseño y construcción de la muy conocida “CASA DEL AMO”. Él y su esposa murieron jóvenes, en 1916, “año de la gripe”.

Quien más se afincó en Orchova y que hizo construir la “CASA DEL AMO” , fue el hermano mayor, D. Pedro. Él, su mujer, su hija Juanita y su hijo Juanito, pasaban largas temporadas en Orchova. Con ellos vivía Conrado que era de Tortosa. De Mallorca se trajeron mallorquines para hacer carbón en los bosques de Orchova, ya que, en aquellos años, era un combustible muy utilizado, y por tanto, una importante fuente de riqueza.

En Orchova se fueron sucediendo distintos GUARDAS que vivían en la misma CASA DEL AMO:

D. Guillermo (Guarda de Montes), que estuvo con D. Pedro. Después de éste, vino el tío Martín, que era hermano del tío Rangleras, con su mujer, la tía Rosa. Desde el 1919 al 1934, el tío Hipólito y su mujer, la tía María; tuvieron cinco hijos: Pilar, Mercedes, Emiliano, Leonida y Ester. Después, un sobrino de la tía Conrada que se llamaba Julián con su mujer Paca y su hija Hortensia, hasta el 1936. Durante la guerra, Julián marchó a Talayuelas que era su pueblo. Entonces eran los amos el tío Ángel y Dña. Librada que, por miedo a represalias se refugiaron en Liria que era su pueblo, Hasta allí, y, a escondidas, les llevaban los pollos de la renta, pero el resto, el trigo y demás, lo cobraron, si no todo, parte, cuando acabó la contienda, que volvieron a Orchova. Después de la guerra, llegó de guarda el tío Donato de Garavalla, con su mujer la tía Carmen y sus hijos, Carmen, Demesio, María y Teófilo. De Aras, vino el tío Jesús y su mujer Dolores. Finalmente ocupó este cargo el tío Conrado, que, al poco tiempo, ya fue guarda Forestal del Patrimonio

Desde el año 1926, vivieron en la Casa del Amo, como AMOS:

El cuñado de D. Pedro que se llamaba D. José, su mujer Catalina y su hija María Cinta, que murió a los dieciocho años en Mallorca. En el año 1933 vino de Liria Angel Montero Pote con su mujer Librada que, según se decía, había sido monja y la criada Conrada que era de Talayuelas.

Eran tiempos muy difíciles. No había dinero y los renteros apenas si podían pagar en especias. Así, el 25 de Noviembre, día de Sta. Catalina, se cogían los pollos, ya preparados, y se ponían "en caponera", esto es, en banastos para que no pudieran moverse y engordaran con facilidad. Se amasaba harina de adaza y agua y se hacían "grullos": unas bolitas alargadas que se metían en la garganta de los pollos y que se les obligaba a tragar. A las tres semanas debían pesar "6 Libras del País", tal como estaba escrito en los contratos. Entonces, el encargado venía a recogerlos para llevarlos a Mallorca donde vivía el "Amo".

El último "Amo", el tio Ángel, hizo una tala de árboles. Entonces, un descendiente de “los hermanos Mallorquines” le pidió un 25% de las ganancias y él no pudo o no quiso... Hubo denuncias, litigios.... y, al final, el bosque pasó al Patrimonio del Estado. Fue el principio del fin del muy castigado Rento de Orchova.

LA CASA DEL AMO

La muy recordada y añorada Casa del Amo, estaba edificada encima de un pequeño montículo, más o menos donde ahora se encuentra la Granja de Orchova. La mandó construir D. Pedro Roselló hace aproximadamente 90 años.

Tenía el tejado a cuatro aguas y la fachada principal encarada al río de Arcos. Estaba rodeada por una cerca, de un metro de altura aproximadamente que “protegía” el jardín y el huerto del resto del terreno. Para acceder al jardín, se pasaba por debajo de un arco “envuelto” de rosas de cien hojas. Un pasillo en cuyos laterales había más rosas, lirios, cerezos, pumares y otros árboles frutales, conducía, hasta una corta escalera, situada a la izquierda. El primer peldaño estaba agujereado por debajo, a fin de permitir el paso del agua, que a modo de una pequeña acequia, permitía, según la necesidad, regar el jardín y el huerto que rodeaba toda la casa. Después, un par de peldaños más daban acceso al edificio propiamente dicho.

La fachada principal y la de detrás (no las laterales) tenían una terracita protegida por una sencilla y baja barandilla. Justo delante de la escalerilla, había la puerta principal, de madera elegante, con clavos grandes, al estilo rústico; tenía cuatro hojas que se doblaban mediante bisagras. A ambos lados, una ventana grande, que casi llegaba al suelo, con persianas mallorquinas. Arriba, en el piso, cuatro ventanas de dimensiones más reducidas.

La puerta de entrada daba a una sala de unos 20 metros cuadrados, que probablemente era la estancia más importante de la casa. En ella resaltaba el suelo, de mosaico de estilo arabesco o valenciano, de color rojo y gris que formaba estrellas. En el techo, otra estrella de yeso, daba connotaciones elegantes. A la izquierda, según se entraba de la calle, había la habitación del “Amo”. Al frente y justo en medio, otra puerta daba al comedor, desde cuya estancia se podía acceder a la fachada posterior de la casa y también a la cocina y despensa.

Situándose otra vez en el vestíbulo, al fondo a la derecha, una abertura daba acceso a la escalera, la muy famosa y mítica escalera, que sorprendía por su forma curvilínea y estaba protegida con una elegante barandilla que, aunque de yeso, estaba tan bien hecha, que aparentaba ser de mármol. La escalera daba al primer piso que era usado como cámara o granero. Otra vez en la sala de la planta baja, a continuación de la abertura de la escalera, a la derecha, el despacho del “Amo”.La parte de detrás de la casa, la que daba al monte, era casi igual que la fachada principal, pero con las ventanas de abajo más pequeñas. En el exterior, otra terracita daba, desde el centro, a la puerta del comedor, pero en un extremo, en dirección a las Casas de Cañete, la mencionada terracita tenía un cuartucho muy pequeño y dentro algo que en aquella época resultaba ser todo un lujo y/o extravagancia: ¡un retrete! (Realmente era una comuna).El huerto y jardín que rodeaba la casa, sus rosales de cien hojas, sus lirios, las cerezas, las pumas, etc. fueron importadas de Francia por el “Amo”, D. Pedro Roselló. Eran la admiración de todos los orchovanos, ya que hasta entonces no habían visto flores ni frutos de aquella especie. Ellos mismos los trasladaron a la huerta de Las Rinconadas.

De la Casa del “Amo”, algunos recuerdan, también, las cuadras, la casa del Guarda, etc, pero estas dependencias fueron “añadidos” ya posteriores a la primera y auténtica Casa del “Amo.”Las casas de Orchova ya existían antes, mucho antes que la Casa del “Amo”. Además, debido a los muy reducidos recursos económicos, eran habitáculos de extrema sencillez. Probablemente D. Pedro decidió construir su casa, para ser habitada solamente como segunda vivienda y no la construyó con demasiados materiales nobles, pero sí le dio un aire señorial, elegante e incluso quizás con connotaciones coloniales. (Posiblemente, influenciado por los viajes que su cuñado Jaime había realizado por Cuba y otras Colonias) El estilo era algo propio de aquella época, si la economía lo permitía. No sabemos si quería impresionar a “sus renteros”, pero seguro que aquel “palacete” causó un gran impacto a todos los habitantes del Rento de Orchova. La sala con mosaico de colorines, la original estrella coronando el techo, la caprichosa y elegante escalera curvilínea, el “nunca visto” retrete, poder tener una estancia solamente para despacho, las flores y los frutales que nadie debía tocar (¡como si del fruto prohibido del Paraíso se tratara!) Todo, todo el conjunto causó una gran impresión entre los orchovanos. Por ello, todavía hoy, muchos lamentan y se preguntan por qué tuvieron que tirar aquella magnífica Casa. Con ella se fueron muchas ilusiones, muchas vivencias, muchos juegos prohibidos (¡bajar por la barandilla..., entrar por la ventana..., coger rosas de cien hojas...!) No, no hay respuesta: La Casa ya no existe, pero cada cual puede mantenerla bien viva en su recuerdo!.

Poema de Gregorio Martínez Sierra.

EL MOLINO

Sigue el agua su camino,
y al pasar por la arboleda
mueve impaciente la rueda
del solitario molino.

Cantan alegres los molineros
llevando el trigo de los graneros.
Trémula el agua lenta camina;
rueda la rueda, brota la harina.
Y allá en el fondo del caserío
al par del hombre trabaja el río.

La campesina tarea
cesa con el sol poniente
Trémula el agua lenta camina;
y la luna solamente
guarda la paz de la aldea.

Con el tiempo las sencillas casas del rento fueron derrumbadas, quedando solamente el Molino.

LA RESTAURACIÓN DEL MOLINO DE ORCHOVA (Narración).

... Entré primeramente a la gran sala, donde se ubicaba el Molino propiamente dicho. Miré hacia arriba y vi aquellos grandes ventanales que permiten el paso de la luz solar. La vista, bajando, recorrió con respeto sus paredes, aquellas piedras, sus maderas...

Ya en tierra, vi sus ruedas y parte de la maquinaria, esperando pacientemente su restauración... El conjunto me pareció bello, impresionante.... Por unos instantes no pude evitar cerrar los ojos para así poder mejor interiorizar todo aquello que tanto me fascinaba... Ya con los ojos cerrados, pude contemplar cómo fue la vida allí, en el Molino, cómo se llevaban a cabo sus actividades, sin prisas pero sin pausas..., sin interrupciones... A través del impresionante silencio de Orchova, pude escuchar el ruido de las ruedas movidas por la fuerza del agua del río de Arcos, el ir y venir de los molineros con los sacos cargados a sus espaldas... Creo que incluso pude oler la fragancia del trigo en su encuentro con las ruedas de Molino... No, sus paredes, sus piedras, no están muertas, no. siguen llenas de vida, de mil recuerdos; testigos son del paso del tiempo. Ellas oyeron cantar y gemir, reír y llorar. Celosamente guardan sus secretos. Silenciosas presenciaron amores y desengaños... Vieron nacer y morir tantas generaciones...

Seguí recorriendo el resto del edificio, aquellos sencillos rincones que fueron habitáculos de sus antiguos moradores... Desde lo más alto de la Torre, la vista no parecía tener fin...

Agradecí primero que la restauración se hiciera mayoritariamente con materiales que guardan el respeto que aquella época se merece..., pero sobre todo, agradecí poder regresar sin tener que despedirme del Molino, porque además de pasado, el MOLINO DE ORCHOVA es también, ya futuro.

EL CARBÓN

En muchos pueblos serranos
del monte sacaban carbón.
En Orchova, en mil novecientos,
se vio como una inversión

Don Pedro, el de Mallorca,
de su Isla trajo gentes,
juntos hicieron cuadrilla
de aquí y de allí: hombres fuertes

Prepararon carboneras
poniendo leña en montón
y una gran capa de tierra:
que así se hacía el carbón

Limpios leños de carrasca
Lentos, lentos, se quemaban
al final, entre la tierra
carbón vegetal quedaba.

Con el tiempo, todo cambia:
Ya no es riqueza el carbón.
Murieron las inversiones
y de Orchova la ilusión.

                     (Anónimo)

ORCHOVA Y LA POSGUERRA CIVIL.

EL CERRO MORENO

Lo abrupto del terreno, los montes escarpados, los escabrosos barrancos, la densidad de sus bosques... todo propició que aquellos parajes fuesen un lugar idóneo para ser cobijo de la Guerrilla o Maquis.

Durante el día acostumbraban a estar escondidos allí en lo alto, pero por la noche, cuando la luz tenue de los candiles alumbraba las casas, bajaban hasta los hogares del Rento de Orchova en busca de comida y calor humano.

Para evitar que fuesen localizados, cambiaron varias veces de campamento... La situación fue larga y penosa para todos... Para intentar desarticular el grupo, a los orchovanos solamente se les permitía cultivar sus tierras, pero no podían vivir en las casas del Rento. Y Orchova fue abandonada...

ASALTO AL CAMPAMENTO DEL CERRO MORENO.

“... En la noche del 6 al 7 de Noviembre de l949, Fuerzas de distintas Comandancias asaltaron el Cerro Moreno dando muerte a l2 (?) Guerrilleros...”

Los hechos así fueron y este sencillo documento no pretende ser fuente de polémica. Solamente cabe constatar que todavía hoy, la gente comenta que no había constancia de que aquel grupo de maquis, más político que guerrillero, hubiese jamás matado o herido a nadie. Parece claro que aquellos escarpados terrenos, la espesor de aquellos bosques tenía todas la características para ser refugio de los que se oponían a aquel Régimen. En un terreno más llano, donde el horizonte se divisa hasta la lejanía, los hechos no hubiesen sido tan trágicos. Sí, la naturaleza facilitó el cobijo y los orchovanos, rinconeros, santacruceros, etc., tomaron partido por unos o por otros... Hubo posturas enfrentadas, chivatazos, detenciones muy cruentas... No, aquí la guerra, la temida guerra no fue tan terrible como la posguerra. La población civil de los alrededores recuerda con horror aquella fraticida posguerra, envuelta de miedo y de episodios muy violentos... hasta un punto que nadie puede imaginarse...

Han pasado muchos años. Con el tiempo las heridas tienden a cicatrizarse La guerra sólo engendró horror. En ella todos perdimos, incluso “el vencedor”. Dejemos que la auténtica paz se apodere de nosotros. Una paz basada en la Democracia. Esa paz que nunca nadie debió arrebatarnos... Mimémosla fraternalmente.

Como dijo Sánchez de Albornoz: Nos hemos matado demasiado: ¡Entendámonos ya!

Pero ORCHOVA no es sólo un ayer, Orchova sigue ahí. Si subes a lo alto de sus montes, contemplarás la inmensidad de un mar de vegetación, un horizonte infinito... No, no condenemos a Orchova al olvido, sus casas ya no existen pero fue un rento con carácter propio, de los que perduran más allá del tiempo... Acude a un encuentro placentero con sus parajes... Cuando llega el atardecer, el sol no quiere retirarse sin tornar todavía más rojiza la “Peña Roya”..., divisarás su Molino..., respirarás hondo y presentirás cuánto amor y cuánta guerra se vivió aquí... Déjate acariciar por el profundo silencio que envuelve todo el entorno..., un silencio lleno del eco de tantos sueños perdidos..., podrás sentirte envuelto en su misterio aquí atrapado desde hace muchísimos años...

Nota.- Actualmente Orchova, junto con otros parajes del término de Sta. Cruz de Moya, tiene la calificación de LIC (Lugar de Interés Comunitario).

LA LUNA DE ORCHOVA

Narración

Primavera

Amanece. Ayer hubo fiesta y baile, con la acordeón, en la Casa Grande, pero hoy es lunes y, de buena mañana, ya todo Orchova se incorpora al trabajo.

María se ha levantado feliz, pero no quisiera salir de casa. Piensa que hoy todos la mirarán.

-Madre, mejor me quedo a preparar el puchero...

Su madre la mira con ojos sonrientes, mientras le acaricia el pelo...

-Como quieras, iré yo a ayudar al abuelo...

En el campo, muchos están preparando el huerto: Es Primavera, tiempo de futuro, tiempo de vida. Antonio está sembrando patatas con su padre. Es un muchacho de veintiséis años, corpulento y trabajador, pero hoy no parece que se quite el trabajo de encima. Su padre le increpa:

-Va, Antonio, que ¡ni tan sólo has hecho un surco! ¡Pareces dormido!

Sí, posiblemente lo está. Antonio se casó ayer mañana, y ahora lo recuerda; fue una sencilla ceremonia; por la tarde, todo Orchova tomó chocolate en la Casa Grande. Al llegar la noche, él y su reciente esposa María se retiraron a su humilde habitación, apenas separada por un tabique de la de su abuelo. A Antonio y María les gustaba aquella habitación: Una cama que había sido de sus abuelos, con un cubre-cama de su madre, el arca que María bajó de la cámara y que aseó con esmero, la silla que Antonio compró en Torrijas...En la cabecera, una Virgen de Tejeda sacada de una calendario...No tienen nada más... Pero tampoco ambicionan nada. Allí, entre las cuatro paredes está su mundo: él y ella...

-¡Antonio! ¡Las patatas! (Su padre lo devuelve a la realidad...)

-Sí, padre, pero luego... Ahora tengo que ir un momento a casa...Se me olvidó darle un recado a María...

Su padre sabe muy bien cuál va a ser el recado para María...También sabe que hoy tendrá que hacer el trabajo de Antonio y el propio. Recuerda cuando su mujer y él se casaron, ya hace treinta años...Mira cómo su hijo se dirige hacia Las Casas de Cañete...Sonríe (¡Su Antonio ya casado!) y deja que, lentamente, la juventud y todas las sensaciones de su hijo, le impregnen también a él...

Cuando llegue la noche, la luna les hablará en voz baja, temerosa de romper el encanto:

Antonio y María; en Orchova hay vida!

Antonio y María ¡una nueva semilla!

Verano

Han trascurrido unos años. Hace mucho calor y es un verano especialmente duro. No son tiempos alegres. Atrás quedaron las noches de baile con la acordeón y las risas de los niños. En la era de Las Casas Quemás, mujeres y ancianos trillan. Juana y su padre arrean los machos. Su hijo pequeño va con el botijo a buscar agua. Allá, en el Molino, abuelos y niños cargan, con dificultad, las talegas de trigo. Se necesitan todos los brazos para sacar adelante la cosecha. Hoy más que nunca Orchova es una gran familia.

¿Y los hombres? ¿Dónde están los hombres de Orchova? Se fueron. Algunos nunca volverán. Otros quizás pero ¿cuándo? ¿Hasta cuándo durará esta sangrienta Guerra Civil? Nadie lo sabe. De tanto en tanto llegan noticias confusas...Hay desconcierto, sufrimiento, dolor...Aquí, en el Rento, la guerra va desenvolviéndose de un modo distinto...El frente está lejos, sí, pero...

Cuando anochece, La Luna ilumina el río, la huerta, el bosque....¡los bosques de Orchova! Y la Luna presiente, se entristece, se estremece...

Juana, su padre y su hijo se recogen. Están muy cansados, pero ninguno lo comenta. El niño se adelanta para encender el candil y se queda dormido apoyado en la mesa. El abuelo avía los animales y Juana prepara el hervido. Cenan y se acuestan pronto, mañana volverán a madrugar.

Juana se deja caer en la cama. Una cama de matrimonio que ahora le resulta demasiado grande. Con un gesto inútil, alarga la mano buscando a José...y llora.

La Luna la mira y la consuela:

-Confía, él regresará, sé fuerte.

Juana, has de ser valiente...

Sí, al terminar la guerra, José regresará, pero solamente será el principio de otra historia. Los montes de Orchova serán cobijo para unos y lugar de persecución para otros.

¡Y Orchova allí en medio.

Emboscadas, miedo, muerte...

Y la gente sencilla, sufriendo!

Otoño 

Las cepas teñidas de verde, amarillo y marrón indican que es tiempo de vendimia. Ya, de buena mañana, la familia entera se apresura a recoger los dorados racimos. Saben que deben aprovechar al máximo la jornada porque, cuando el Sol se ponga, deberán regresar a dormir a Rinconadas. Hace tiempo que les está prohibido dormir en Orchova. ¡Ir y venir cada día! Los más pequeños se entretienen jugando con el barro en la ribera del río de Arcos. Sus padres van llenando los banastos. El abuelo, sacando fuerzas de no sé dónde, también. Tiene la espalda muy curvada y se protege una hernia con una faja negra arrollada a la cintura. Nació en Las Casas Nuevas ya hace muchos años. Antes de que anochezca todavía quiere acercarse a recoger las uvas de la parra de la puerta. Ama mucho a su Orchova y, a su modo, es feliz. Sólo hay una cosa que le entristece: Su nieto mayor, que ya camino de los quince años, no quiere trabajar la tierra. De reojo, el abuelo lo mira: a menudo se pierde detrás de los juncos o se tumba a la sombra de la frondosa higuera napolitana. El abuelo se siente traicionado. Después dirige su mirada hacia su hijo y su nuera que parecen incansables, llenando los banastos. Y desafiando el futuro se dice: Es muy joven...¡seguro que cambiará!

Pero no es cierto. No le dieron tiempo para cambiar.

El ir y venir cada día de Rinconadas a Orchova resultó muy fatigoso para todos.......

y Orchova fue abandonada.

Y La Luna, lloró en silencio.

Invierno

Los copos se van depositando en el suelo hasta formar un manto que lo cubre todo. Un manto que se mantendrá blanco pero estéril: No hay pisadas que lo ensucien. Tampoco hay risas, ni llantos, ni vida...sólo silencio. Un silencio sólo roto por el soplo del viento que resulta especialmente helado este invierno. ¡El invierno de Orchova! Soledad.

Hay rumores de que quizás Orchova se pondrá a la venta..... Tristeza.

Los rumores llegan hasta La Luna.

¡La Luna de Orchova!.

Por la noche, cuando su resplandor ilumine tanta belleza olvidada, La Luna gemirá y gritará:

...”Rentero, atiende: ¡Orchova se vende!”

Pero será inútil. Sólo el eco le responderá...

Los abuelos ya se fueron.

Los mayores emigraron allá lejos...

A los niños no se les dio tiempo para aprender a amar Orchova...

..........Y La Luna callará.

Si alguna vez, por la noche, te acercas a Orchova, no la oirás hablar:

¡Enmudeció para siempre!

Autores: Rosa Giner y Adolfo Pastor


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